Ayudar con los horarios, facilitar cambios de turno o pagar cada minuto trabajado no evita que, cuando llega un despido, empresa y trabajador puedan acabar defendiendo intereses completamente distintos. Es lo que ha vivido Alejandro Mudarra Vilches, empresario sevillano que ha compartido en sus redes sociales su experiencia después de acudir por primera vez a un acto de conciliación con una trabajadora a la que había despedido.
Mudarra suele utilizar sus perfiles sociales para mostrar el día a día de sus negocios y cómo gestiona a sus equipos. Esta vez, sin embargo, el protagonista de su vídeo es un conflicto laboral. El empresario explica que intenta ayudar a sus trabajadores siempre que puede, pero reconoce que la situación vivida tras el despido le ha generado frustración.
“Tengo como pilares fundamentales ayudar a los trabajadores, pagarles cada segundo de su vida, ayudarles en sus horarios, en sus turnos y en cualquier problema que tengan”, explica. A continuación muestra su malestar por cómo ha terminado la relación con la empleada.
«Cuando uno tiene que tomar la decisión de despedir a alguien, nada vale, de nada se acuerda».
“Hoy he tenido que venir aquí por primera vez”
El propio empresario habla en el vídeo de un “juicio de conciliación”, se trata del acto de conciliación, el acto previo en el que tanto la empresa y el trabajador pueden llegar a un acuerdo para no llevar el despido a juicio. Por ejemplo que la empresa reconozca la improcedencia y decida pagar la indemnización correspondiente.
Cuando un trabajador impugna un despido debe presentar una papeleta de conciliación antes de acudir al Juzgado de lo Social (ahora Tribunal de Instancia). Con este trámite se abre la posibilidad de que empresa y trabajador alcancen un acuerdo sin necesidad de llegar a juicio. En Andalucía, estos procedimientos pueden tramitarse a través de los Centros de Mediación, Arbitraje y Conciliación (CMAC).
Mudarra no explica en el vídeo cuál fue la causa concreta del despido, qué reclama la trabajadora ni cuál ha sido el resultado de la conciliación. Tampoco se conoce públicamente la versión de la empleada, por lo que lo relatado en redes muestra únicamente la experiencia y la valoración personal del empresario.
“Hoy he tenido que venir aquí por primera vez a un juicio de conciliación”, señala. A partir de ese momento, su reflexión va más allá del despido y se centra en la responsabilidad que, desde su punto de vista, supone tener trabajadores contratados y mantener un negocio.
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“Ser empresario es una responsabilidad y me juego el futuro de mis hijas”
La parte más personal del vídeo llega cuando Mudarra habla de cómo los problemas de sus empresas pueden terminar afectando a su propia familia. “Ser empresario es una responsabilidad y me juego el futuro de mis hijas”, afirma.
El empresario vincula de esta forma lo que ocurre en sus centros de trabajo con el riesgo económico que asume como propietario. Para él, los errores, los conflictos con la plantilla o una mala dinámica dentro del negocio no son situaciones aisladas, sino problemas que terminan repercutiendo directamente en su vida.
Parte del contenido que publica habitualmente en redes sociales gira precisamente alrededor de esa gestión de los trabajadores. Por eso, el vídeo muestra una cara diferente. Esta vez no habla de una facilidad concedida a un empleado o de una decisión favorable para la plantilla, sino de qué ocurre cuando esa relación laboral termina en un despido y aparece un conflicto entre las dos partes.
Critica que algunos trabajadores estén con el móvil o viendo películas
La experiencia con la trabajadora despedida lleva a Mudarra a ampliar su reflexión y hablar de comportamientos que, según relata, encuentra en algunos de sus negocios. Entre ellos menciona el uso de auriculares, el teléfono móvil o incluso ver películas durante la jornada laboral.
“Después voy al puesto de trabajo donde tengo mi gente trabajando y están con los cascos, están viendo películas con el móvil, están de cachondeo y me pongo serio y yo soy el malo”, asegura.
Su queja se centra en la diferencia que percibe entre las facilidades que intenta ofrecer a los empleados y la respuesta que recibe cuando tiene que exigir el cumplimiento de determinadas obligaciones. En cualquier caso, esas situaciones deben separarse del conflicto concreto con la trabajadora despedida, ya que Mudarra no relaciona expresamente esos comportamientos con las causas de ese despido.
Además, si el origen de un despido disciplinario estuviera en un incumplimiento de las obligaciones laborales, no cualquier conducta del trabajador permite aplicar directamente el despido como sanción. La gravedad de los hechos y las circunstancias de cada caso tienen importancia a la hora de determinar si la medida tomada por la empresa es proporcional.
El empresario termina su mensaje recordando que cualquier problema dentro de sus negocios termina afectando a su propia situación económica. “Cada cosa que pase perjudica mi vida y este es el precio que hay que pagar por ser empresario. Esto no es un juego, esto va mucho más allá”.
Reclamar un despido no significa que la empresa haya actuado mal
La parte legal de la historia es diferente de la valoración personal que hace Mudarra. Una persona trabajadora puede mantener una buena relación con su empresa, haber recibido facilidades con sus horarios o sus turnos y, aun así, reclamar posteriormente si considera que su despido no se ajusta a la ley.
Del mismo modo, presentar una papeleta de conciliación tampoco significa que el despido vaya a ser declarado automáticamente improcedente. El procedimiento permite que trabajador y empresa defiendan sus respectivas posiciones y, si es posible, alcancen un acuerdo.
Si no existe acuerdo y la persona despedida mantiene su reclamación, el conflicto puede continuar ante los tribunales. Será entonces cuando se analicen los motivos del despido, la forma en la que se llevó a cabo y las pruebas aportadas por cada parte. La empresa tendrá que demostrar/justificar por qué ha despedido al trabajador. Si es disciplinario, pues tendrá que demostrar que incumplimientos ha cometido, si es económico, tendrá que justificarlo con la documentación que se requiere.
Qué puede pasar si un despido es declarado improcedente
En el caso de Mudarra no se conoce qué está reclamando exactamente la trabajadora, por lo que no puede darse por hecho que esté solicitando que el despido sea declarado improcedente. De modo que puede estar entre la improcedencia o la nulidad, siempre que pueda demostrar o dar indicios suficientes de que se ha vulnerado un derecho fundamental.
Si finalmente un despido es declarado improcedente, el artículo 56 del Estatuto de los Trabajadores establece, con carácter general, que la empresa puede optar entre readmitir al trabajador o pagar la indemnización correspondiente. En concreto, dispone de cinco días para elegir entre la readmisión y el pago de la indemnización desde la notificación de la sentencia. Existen particularidades en determinados casos.

