Conseguir un trabajo ya no es suficiente para poder irse de casa. Una persona joven en España tendría que dedicar el 98,7% de su salario neto al alquiler si quisiera vivir sola. Incluso entre quienes ya tienen un empleo, apenas el 25,2% ha conseguido emanciparse. El resultado es que la salida del hogar familiar se está retrasando hasta una edad que hace años habría parecido difícil de imaginar situándose en 30,4 años de media.
Así lo demuestra el informe presentado por el sindicado USO elaborado a partir de datos del INE; INJUVE, el Consejo de la Juventud de España, el SEPE, el Ministerio de Trabajo y otros organismos. El estudio pone el foco en una generación que estudia y trabaja, pero que cada vez encuentra más problemas para abandonar la casa de los padres.
Los datos de vivienda son los que mejor reflejan el problema. La tasa de emancipación juvenil ha caído al 14,5% y pagar una vivienda en solitario consumiría prácticamente toda la nómina de un joven. Compartir piso rebaja el coste, pero tampoco resulta barato, pues según el estudio alquilar una habitación supone alrededor del 36,6% del salario neto juvenil.
Trabajar, cobrar una nómina y seguir viviendo con los padres
La situación resulta especialmente llamativa porque no afecta únicamente a jóvenes que todavía estudian o que están buscando su primer empleo. También alcanza a quienes ya trabajan. Solo uno de cada cuatro jóvenes ocupados vive emancipado, lo que rompe con una idea que durante décadas parecía bastante sencilla, cuando encuentres trabajo dispondrás de tus propios ingresos y podrás abandonar la casa familiar.
Ahora esas tres etapas ya no van necesariamente de la mano. El alquiler se lleva una parte demasiado elevada de los ingresos y muchos jóvenes terminan retrasando la salida de casa, compartiendo vivienda o dependiendo de la ayuda familiar. De ahí que la edad media de emancipación haya llegado a los 30,4 años, por encima incluso del límite de 29 años que habitualmente utilizan las estadísticas para delimitar a la población joven.
Y no ocurre porque haya menos jóvenes trabajando. Durante 2025, la población ocupada menor de 30 años alcanzó las 3.391.800 personas, 188.000 más que el año anterior. También aumentaron un 6,37% las afiliaciones a la Seguridad Social y la contratación juvenil creció un 4,93%. El empleo mejora en número, pero eso no significa que todos esos puestos permitan pagar una vivienda y organizar una vida fuera del hogar familiar.
Más empleo, pero con temporalidad y jornadas parciales
Para entender esa diferencia hay que mirar cómo son parte de esos empleos. El 59,26% de los contratos firmados por menores de 30 años en 2025 fueron temporales, mientras que el 40,74% fueron indefinidos. Además, la contratación temporal creció un 6,42% respecto al año anterior, por encima del aumento registrado por la contratación indefinida.
También tienen un peso importante los fijos discontinuos. Aunque legalmente son indefinidos, alternan periodos de trabajo con otros de inactividad y claro tiene sus desventajas frente a un contrato indefinido ordinario. El primero lógicamente es que durante ese tiempo sin actividad no reciben ningún ingreso, salvo que hayan generado derecho a cobrar el paro o un subsidio. En 2025 representaron el 15,07% de todos los contratos realizados a jóvenes y el 36,95% de sus contratos indefinidos. Es una modalidad especialmente presente en sectores como la hostelería, el comercio o el turismo, donde trabaja una parte importante de la población joven.
La jornada parcial añade otra dificultad. Entre los jóvenes afiliados al Régimen General de la Seguridad Social, el 29,27% trabaja a tiempo parcial. Si ya cobrando el salario mínimo a jornada completa es difícil acceder a la vivienda, a tiempo parcial lo hace una misión casi imposible.
Además, la diferencia entre hombres y mujeres es considerable. La tasa de parcialidad alcanza el 44,46% entre las mujeres jóvenes y baja al 28,33% entre los hombres. Una jornada más corta también supone normalmente cobrar menos y disponer de menos margen para asumir gastos como un alquiler.
Esta realidad del empleo juvenil tampoco se limita al tipo de contrato. Un estudio de Fedea señalo que ahora los jóvenes firman más contratos indefinidos, pero estos empleos duran alrededor de 100 días menos. Es más muchos de ellos terminan finalizados por no superar el periodo de prueba, una fórmula que han encontrado las empresas para la contratación temporal evitando los costes de un contrato temporal.
Casi tres de cada diez jóvenes están en riesgo de pobreza o exclusión
El problema de la vivienda y del empleo se mezcla además con otro dato: el 29,3% de las personas de entre 16 y 29 años está en riesgo de pobreza o exclusión social. Entre las mujeres jóvenes el porcentaje llega al 29,6%, mientras que entre los hombres se sitúa en el 28,9%.
Esto significa que las dificultades para empezar una vida independiente no afectan igual a todos. La capacidad económica de la familia puede marcar una diferencia importante. Quien cuenta con ayuda para pagar una entrada, una fianza o parte del alquiler parte con una ventaja que no tiene quien depende exclusivamente de su salario.
El propio informe amplía el foco y señala que la vivienda puede actuar como un factor de empobrecimiento. Entre los hogares en situación de pobreza que viven de alquiler, el 51,4% de los ingresos se destina al pago de la renta. El margen que queda para alimentación, suministros, transporte o cualquier gasto inesperado se reduce de forma considerable.
Una generación que estudia y trabaja, pero tarda más en poder irse de casa
Los datos tampoco encajan con la idea de una generación menos formada. El abandono educativo temprano bajó en 2025 hasta el 12,8%, su mejor registro reciente. En el primer trimestre de 2026, el 80,3% de las personas de entre 20 y 24 años tenía al menos educación secundaria de segunda etapa.
Además, estudiar y trabajar al mismo tiempo forma parte de la realidad de muchos jóvenes. El 15,8% de las personas de entre 16 y 24 años compatibilizaba ambas cosas en el primer trimestre de 2026. Si se amplía la edad hasta los 29 años, el porcentaje sube al 24,7%. El informe recuerda además que en 2025 solo el 12,3% de los jóvenes no estudiaba ni trabajaba, de modo que la gran mayoría se encontraba en alguna de estas dos situaciones o combinaba ambas.
España cuenta actualmente con 8.340.647 personas de entre 15 y 29 años, el 16,79% de la población residente. Para buena parte de ellas, el problema ya no consiste únicamente en encontrar un empleo. Es conseguir que ese trabajo pague lo suficiente para abandonar la casa familiar y mantener una vivienda.
Los datos dejan una imagen difícil de ignorar: solo el 25,2% de los jóvenes que trabajan vive emancipado y quien quiera alquilar solo necesitaría prácticamente todo su sueldo para pagar únicamente la vivienda. Trabajar sigue siendo el primer paso para independizarse, pero para muchos jóvenes españoles hace tiempo que dejó de ser suficiente.

