Luis Alberto, albañil hondureño en España: “Aquí gano unos 1.400 euros al mes, en mi país no llegaría a los 400”

El trabajador dejó Honduras buscando mejores oportunidades. Aunque ya era albañil, al llegar a España empezó como ayudante cobrando 50 o 55 euros al día hasta que pudo demostrar su experiencia.

Como muchos extranjeros que llegan a España, Luis Alberto vino a España en busca de una vida mejor. En su país, Honduras era albañil, profesión que sigue ejerciendo aquí, e incluso era operador de maquinaria pesada, pero toda esa experiencia no evitó que al llegar tuviera que empezar como si fuera un novato y comenzó como ayudante por unos 50 a 55 euros al día. Nadie conocía todavía cómo trabajaba y tuvo que demostrar de nuevo un oficio que llevaba años ejerciendo.

Con el paso del tiempo, su situación fue cambiando a medida que sus responsables comprobaron lo que sabía hacer. Según relata, un albañil con experiencia puede cobrar entre 80 y 90 euros al día y él sitúa actualmente sus ingresos en unos 1.400 euros al mes trabajando en la construcción en España. La comparación que hace con Honduras explica buena parte de su decisión de emigrar.

“En mi país no llegaría a los 400”

Llegó a España siendo albañil, pero tuvo que empezar como ayudante

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Tal y como ha relatado para el canal de YouTube de Quique Vasquez Historias de Migrantes, la falta de oportunidades laborales fue uno de los motivos que llevaron a Luis Alberto a salir de Honduras. Cuando llegó a España ya conocía la albañilería y tenía experiencia con maquinaria pesada, aunque pronto comprobó que haber trabajado durante años en su país no significaba que una empresa española fuese a reconocer desde el primer día todo lo que sabía hacer.

“Te conocen en tu país, que eres el albañil, pero aquí no”, explica sobre aquellos primeros meses. La forma de demostrar su experiencia fue comenzar como ayudante y dejar que su trabajo hablara por él, una situación que le permitió entrar en una obra aunque inicialmente su jornal se quedara en unos 50 o 55 euros diarios.

Su recorrido recuerda al de otros trabajadores inmigrantes que también empezaron desde abajo en la construcción en España antes de ir mejorando profesionalmente. En el caso de Luis Alberto, sus responsables comenzaron a confiar en él cuando comprobaron que tenía los conocimientos que decía tener.

“Van viendo lo que vas haciendo en la evolución de tu trabajo, que lo vas haciendo bien, que ya te tienen confianza… te va subiendo hasta ganar 80 o 90 euros”, relata. Para conseguir esa mejora, explica que hay que hacer bien el trabajo y demostrar cada día que se conoce el oficio.

De 50 o 55 euros al día a unos 1.400 euros al mes

El cambio salarial que describe Luis Alberto no se produjo nada más llegar a España. Primero cobró como ayudante y después fue mejorando su jornal hasta alcanzar las cantidades que, según explica, puede recibir un albañil que ya ha demostrado su experiencia. “Lo que es un albañil acá está ganando unos 90 euros. Uno que sabe, entre 80 y 90 euros. Ya lo que es un ayudante, entre 50 o 55”, cuenta.

Actualmente, asegura que gana alrededor de 1.400 euros mensuales, una cifra que contrasta con lo que, según su experiencia, podría conseguir haciendo este trabajo en Honduras. Allí afirma que no llegaría a los 400 euros al mes, una diferencia de ingresos que se sumó a la falta de trabajo a la hora de tomar la decisión de marcharse.

Encontrar empleo tampoco fue automático. Luis Alberto reconoce que los contactos tienen bastante peso dentro del sector, aunque asegura que existen oportunidades. “Todo está en contactos, pero así se consigue trabajo, sí se consigue”, explica. La construcción aparece además entre las actividades donde hacen falta determinados perfiles profesionales, como recoge el análisis de las ocupaciones en las que las empresas tienen dificultades para encontrar trabajadores.

Trabajar en España también le obligó a adaptarse a otra forma de construir

Empezar de nuevo no consistió únicamente en demostrar que sabía colocar ladrillos o trabajar en una obra. Luis Alberto tuvo que familiarizarse con materiales, herramientas y nombres diferentes a los que utilizaba habitualmente en Honduras, de manera que una parte de sus primeros meses también estuvo dedicada a aprender el vocabulario propio de las obras españolas.

La adaptación, según cuenta, ha tenido aspectos positivos porque considera que algunas herramientas facilitan el trabajo y ha podido utilizar materiales que no eran habituales en su país. “Las herramientas son mucho más cómodas, estamos hablando de materiales que en Honduras no se manejan, pero aquí en estos países sí”, explica al recordar las diferencias que encontró.

Emigrar con experiencia profesional y tener que reconstruir parte de la trayectoria laboral al llegar a España tampoco es algo exclusivo de la construcción. Otros trabajadores han relatado experiencias parecidas, como una trabajadora peruana que dejó atrás su carrera de Administración y comenzó a trabajar en el sector de la limpieza después de instalarse en España.

Ganar más en España también ha supuesto vivir lejos de su familia

La diferencia entre los ingresos que Luis Alberto dice obtener en España y los que podría alcanzar en Honduras explica solo una parte de su historia. Cuando habla de lo más difícil de haber emigrado, no señala el trabajo ni el hecho de haber tenido que comenzar como ayudante, sino la distancia que le separa de su familia.

“Lo más difícil para todo inmigrante es dejar a su familia. Son muchos kilómetros de distancia y es difícil el día a día”, reconoce. Su jornada laboral se desarrolla de lunes a sábado y estar lejos de los suyos sigue siendo la parte más dura de una decisión que tomó buscando mejores oportunidades económicas.

Sus hijos están detrás de buena parte de ese esfuerzo. “No importa la distancia, aquí lo que importa es que nuestros hijos tengan el pan cotidiano”, explica. Luis Alberto ha conseguido mejorar sus ingresos trabajando en el mismo oficio que ya conocía en Honduras, pero para hacerlo tuvo que volver a demostrar su experiencia, empezar como ayudante y construir una nueva vida a miles de kilómetros de su familia.

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