Casi uno de cada tres trabajadores convive con la violencia laboral y más de la mitad de las denuncias no acaba en sanción

Un informe alerta de que el 30,7% de los asalariados ha sufrido o presenciado situaciones de violencia en el trabajo. Mujeres, jóvenes y empleados del sector servicios aparecen entre los colectivos más afectados.

La violencia laboral sigue siendo una realidad para miles de trabajadores en España y, en muchos casos, denunciarla no cambia la situación. Un informe elaborado por la Fundación 1º de Mayo revela que el 30,7% de los asalariados ha sufrido o presenciado episodios de violencia en su puesto de trabajo. Sin embargo, cuando estos hechos llegan a conocimiento de la empresa, más de la mitad de las denuncias no termina con la apertura de un expediente disciplinario.

El estudio, realizado a partir de una encuesta a 1.000 trabajadores, pone cifras a un problema que va mucho más allá de las agresiones físicas. Amenazas, insultos, humillaciones, aislamiento, gritos o hacer el vacío forman parte de una violencia cotidiana que afecta especialmente a mujeres, jóvenes y empleados que trabajan de cara al público.

La mayoría de los casos queda sin consecuencias

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Uno de los datos que más llama la atención es la respuesta de las empresas cuando estos comportamientos se denuncian. Según el informe, en el 56,3% de los casos no se abrió ningún expediente disciplinario. Además, en un 46,3% tampoco hubo una amonestación verbal o escrita.

A esta falta de respuesta se suma otro problema. Cuatro de cada diez víctimas o testigos nunca llegan a comunicar lo ocurrido. El miedo a las represalias, la sensación de que denunciar no servirá para nada o la desconfianza hacia la empresa aparecen entre los motivos más repetidos.

No solo hablamos de agresiones físicas

Cuando se habla de violencia laboral o acoso laboral muchas personas piensan en agresiones físicas, pero la realidad es muy distinta. El informe refleja que las situaciones más frecuentes son los insultos, las amenazas, las humillaciones, las descalificaciones personales.  Pero también se puede sufrir en ‘silencio’ sin que haya de por medio ni insultos, ni malas palabras o humillaciones y es cuando se produce el aislamiento dentro del equipo apartando al trabajador reduciendo sus tareas y sin trabajo efectivo.

De hecho, cuatro de cada cinco trabajadores expuestos describen haber vivido formas de violencia psicológica o simbólica, mientras que las agresiones físicas afectan aproximadamente a uno de cada cuatro.

Las mujeres y los trabajadores más jóvenes soportan una mayor presión

La investigación también detecta diferencias claras entre colectivos. El 18,3% de las mujeres afirma haber sufrido violencia laboral de forma directa, frente al 14,8% de los hombres. Entre las trabajadoras que han estado expuestas a estos entornos, tres de cada diez aseguran haber vivido episodios de violencia sexual.

La edad también influye. Uno de cada cuatro trabajadores de entre 18 y 24 años reconoce haber sufrido violencia laboral, una proporción que prácticamente duplica la registrada entre quienes tienen entre 25 y 34 años.

Podemos poner por ejemplo el caso de un trabajador que agarró de la mano a una menor en práctica y le dijo «estás bien rica mamasita». En este caso la empresa si actuó y sancionó al trabajador con el despido.

Sanidad, hostelería y educación concentran más casos

Los sectores donde la violencia laboral aparece con mayor frecuencia son aquellos en los que existe un contacto continuo con otras personas. El ámbito sanitario y de atención social encabeza la lista, donde el 39% de los trabajadores asegura haber estado expuesto a estas situaciones.

Le siguen el comercio y la hostelería, con un 38%, y el sector educativo, con un 36,2%. En todos ellos predominan los conflictos entre compañeros o con superiores, por encima incluso de los incidentes protagonizados por clientes o usuarios.

El impacto va más allá del trabajo

Las consecuencias no terminan cuando acaba la jornada. El informe refleja que el 93,5% de las personas que han vivido estos entornos asegura haber visto afectada su salud mental, mientras que el 64,3% considera que esta situación ha puesto en riesgo la continuidad de su empleo.

Los autores del estudio insisten en que la violencia laboral no debe entenderse como un problema aislado entre trabajadores, sino como una realidad que exige medidas preventivas dentro de las empresas y una mayor implicación para detectar y frenar este tipo de conductas.

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