Una abogada laboralista lo tiene claro sobre la IA: «Si hacemos en 25 horas lo que antes hacíamos en 40, esas 15 horas deben volver al trabajador»

Virginia López Bello defiende que el aumento de productividad que genere la inteligencia artificial también beneficie a los trabajadores con más tiempo libre o mejores salarios y plantea incluso cómo podría afectar a la financiación de la Seguridad Social.

Aunque para muchos la aparición de la Inteligencia Artificial supone una amenaza para su puesto de trabajo, lo cierto es que para muchos profesionales es una herramienta que mejora su productividad y eficacia, logrando hacer en menos tiempo sus tareas. Precisamente sobre ese ahorro de tiempo y mejora de la productividad la abogada laboralista Virginia López Bello ha reflexionado.

Si la IA permite terminar en 25 horas el trabajo que antes requería 40, ¿quién se queda con las 15 horas que se han ganado?

Su posición pasa por que ese ahorro de tiempo no se convierta simplemente en más tareas para el empleado, sino que una parte del beneficio generado por la tecnología vuelva a las personas que trabajan.

Anuncios

«Imaginemos que hoy necesitamos 40 horas para hacer un trabajo que mañana, gracias a la IA, podemos hacerlo en 25. Hemos ganado 15 horas», explica. A partir de ahí plantea las dos posibilidades que pueden abrirse. La primera sería aprovechar ese tiempo para exigir al empleado que haga más cosas. La segunda, que las horas ganadas gracias a la tecnología se traduzcan en menos tiempo de trabajo y una mejor calidad de vida.

Si la IA permite trabajar más rápido, López Bello defiende que el trabajador también debe beneficiarse

Para López Bello, el aumento de productividad que permita la inteligencia artificial no debería beneficiar únicamente a la empresa a través de una mayor carga de trabajo. “¿Esas 15 horas van a ser para el trabajador o vamos a decirle perfecto, ahora que puedes hacerlo más rápido, haz más cosas o, peor, te bajo el salario porque estás haciendo menos?”, plantea en su vídeo. La abogada defiende precisamente lo contrario y considera que, si la tecnología permite mantener la misma producción empleando menos horas, esa mejora también debería notarse en la vida del trabajador, ya sea reduciendo su tiempo de trabajo o permitiéndole disponer de más horas para descansar y conciliar.

Ese reparto también debería llegar al bolsillo cuando el uso de la inteligencia artificial permita a la empresa aumentar sus beneficios. «Si además esa tecnología hace que la empresa gane más dinero, una parte de esa riqueza indudablemente debería volver también a la persona trabajadora mediante mejores salarios o más tiempo libre», explica López Bello. Su reflexión gira así alrededor de quién se queda realmente con la productividad que genera la IA. Si una persona puede producir lo mismo en 25 horas que antes en 40, la laboralista defiende que el resultado no debería ser llenar automáticamente las 15 horas restantes con nuevas tareas, sino hacer que parte de ese tiempo y de la riqueza generada revierta también en quien realiza el trabajo.

Ese reparto no debe confundirse con el plus de productividad que algunos trabajadores pueden encontrar actualmente en su nómina, un complemento salarial que puede estar vinculado al rendimiento, la cantidad o calidad del trabajo y al cumplimiento de determinados objetivos. La propuesta de López Bello es más amplia y mira hacia un escenario en el que la tecnología pueda cambiar de manera importante el tiempo que necesitamos para realizar nuestro trabajo.

La llegada de estas herramientas a las empresas españolas, además, ya ha comenzado. El Banco de España analizó la adopción de sistemas de inteligencia artificial en las empresas y encontró que casi el 20% de las compañías encuestadas ya los utilizaba, aunque en la mayoría su uso todavía se encontraba en una fase experimental. Entre sus aplicaciones principales aparece precisamente la optimización de procesos internos.

El propio Banco de España explica que los cambios tecnológicos pueden afectar al empleo a través de varios caminos, entre ellos el aumento de la productividad de determinados trabajadores, la automatización de tareas y la aparición de nuevos trabajos. Es un proceso que ya puede verse especialmente en puestos administrativos y de oficina, donde las herramientas de IA están empezando a asumir o ayudar a realizar tareas habituales de numerosos empleos.

Trabajar menos gracias a la IA no es actualmente un derecho automático

La reflexión de López Bello plantea cómo deberían repartirse en el futuro las mejoras generadas por la tecnología, pero no significa que actualmente un trabajador pueda reducir por su cuenta su jornada porque termine antes sus tareas utilizando inteligencia artificial. La duración del tiempo de trabajo sigue estando marcada por la legislación laboral, el convenio colectivo y las condiciones pactadas con la empresa.

La organización de ese tiempo tampoco queda completamente a voluntad de una de las partes. Los tribunales han tenido que pronunciarse sobre los límites empresariales en esta materia y el Tribunal Supremo ha confirmado, por ejemplo, que una empresa no puede reservarse mediante una cláusula contractual la posibilidad de modificar unilateralmente la jornada de sus trabajadores al margen de los procedimientos y garantías establecidos legalmente.

Lo que introduce la inteligencia artificial es una nueva dimensión en este debate. Hasta ahora, hablar de jornada significaba principalmente decidir cuánto tiempo debe permanecer una persona trabajando. La cuestión que plantea López Bello es qué debería ocurrir cuando para conseguir el mismo resultado ya no hacen falta las mismas horas.

Para la abogada, utilizar todo el tiempo liberado para aumentar nuevamente la carga de trabajo impediría que el avance tecnológico tuviera un efecto real sobre la vida del empleado. “Si hacemos eso, la tecnología no ha mejorado la vida del trabajador, simplemente ha aumentado lo que le exigimos”, señala.

@tuabogadalaboralista HAY QUE EXIGIR QUE LA IA NOS PERMITA TRABAJAR CADA VEZ MENOS Si una máquina consigue que un trabajador haga en 25 horas lo que antes hacía en 40, el progreso no puede consistir en exigirle que haga todavía más. La productividad que aporta la IA debería convertirse también en más tiempo para vivir, descansar, cuidar y disfrutar. La tecnología debe servir para liberar al ser humano del trabajo innecesario, no para convertir cada minuto ahorrado en una nueva obligación. MENOS HORAS. MÁS VIDA. MÁS PRODUCTIVIDAD AL SERVICIO DE LAS PERSONAS. #INTELIGENCIAARTIFICIAL #FUTURODELTRABAJO #TRABAJOMENOS ♬ sonido original – Tu Abogada Laboralista

La propuesta va más allá y llega hasta la Seguridad Social

El planteamiento de López Bello no se limita a reducir la jornada o mejorar los salarios, ya que también mira hacia un futuro en el que robots, máquinas y sistemas de inteligencia artificial generen una parte cada vez mayor de la riqueza que hoy depende del trabajo humano. La abogada cree que ese cambio obligará a buscar nuevas fórmulas para sostener el sistema de protección social si la automatización acaba reduciendo el peso de las personas en determinados procesos productivos.

“¿Por qué la Seguridad Social tiene que depender casi exclusivamente de que los seres humanos trabajemos si cada vez será mayor la parte de la riqueza que generen las máquinas?”, plantea López Bello, que considera necesario encontrar mecanismos para que la productividad y los beneficios generados por la automatización también contribuyan a financiar la Seguridad Social. Se trata, en cualquier caso, de una reflexión sobre cómo podría evolucionar el sistema y no de una cotización que exista actualmente para los robots o la inteligencia artificial, ni de una medida concreta que la abogada detalle en su intervención.

López Bello lleva esa reflexión hasta un escenario en el que el avance tecnológico permita generar suficiente riqueza como para que trabajar deje de ser una obligación para poder cubrir las necesidades básicas. Su propuesta no pasa por garantizar lujos a quien decida no trabajar, algo que ella misma ejemplifica diciendo que no habla de que todo el mundo pueda tener “un Ferrari en la puerta y quedarse en casa”, sino de garantizar una vida digna sin que sea imprescindible dedicar 40 horas semanales al trabajo para poder sobrevivir mientras las máquinas asumen cada vez una mayor parte de la producción.

Esta idea conecta directamente con el ejemplo de las 40 horas con el que explica su visión sobre la inteligencia artificial. Si la tecnología permite completar en 25 horas un trabajo que antes necesitaba 40, López Bello defiende que las 15 horas ganadas deberían revertir de alguna manera en las personas trabajadoras, ya sea mediante más tiempo disponible, mejores salarios o un reparto diferente de la riqueza que permita ese aumento de productividad. De lo contrario, la capacidad de producir más en menos tiempo terminaría beneficiando principalmente a la empresa sin que esa mejora tecnológica se trasladara de la misma forma a la vida de quien trabaja.

Ahí sitúa la laboralista el beneficio que realmente le gustaría que dejara la inteligencia artificial. “Quizá el verdadero lujo que nos va a traer la inteligencia artificial no sea tener más cosas, sino tener algo que nos falta muchísimo hoy en día y es tiempo para vivir”, explica López Bello, cerrando una reflexión en la que el tiempo, y no únicamente el dinero, aparece como una de las principales ganancias que deberían recibir los trabajadores si la IA permite producir lo mismo trabajando menos.

Relacionado
Últimas Noticias