Trabajó durante 23 años en la empresa y lo despidieron, pero sigue yendo a la oficina por sus compañeros y clientes

Freddy Kristiansen, de 59 años, fue despedido en mayo de 2025 después de una carrera de 23 años en Microsoft. A pesar de que un despido es lo último que desea un trabajador, para Freddy representó una suerte tras dos décadas de intensa dedicación (incluyendo jornada maratonianas de hasta 60 horas semanales y trabajo voluntario los fines de semana) comenzaba a sentirse agotado.

Durante la última ronda de despidos en 2023, incluso consideró presentarse voluntario si se abría esa posibilidad, lo que nunca ocurrió. Cuando finalmente fue citado por su jefe en una reunión individual, supo de inmediato que era su turno. Lejos de sentir temor o tristeza, experimentó tranquilidad. ¿La razón? Llevaba tiempo soñando con emprender su propio proyecto.

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Al igual que sucede en España, en Dinamarca una baja voluntaria no tiene derecho a indemnización, por lo que el irse de forma voluntaria no era una opción si quería tener fondos para iniciar su proyecto.

Aún se siente parte de la compañía

Aunque ya no tiene funciones asignadas, Kristiansen sigue siendo empleado de Microsoft hasta noviembre de 2025 debido a la legislación laboral danesa, que exige un preaviso de seis meses para trabajadores con más de nueve años de antigüedad. En España, por ejemplo, no importa la antigüedad del trabajador, el preaviso (salvo despido disciplinario) es de 15 días.

A pesar de que sabe de sobra que ya no formará parte de la compañía, Freddy continúa acudiendo a la oficina a diario, manteniendo su tarjeta de acceso y el portátil de la empresa.

Él mismo admite que puede parecer extraño presentarse cada día en la oficina después de haber sido despedido. Sin embargo, insiste en que lo hace por sentido de responsabilidad hacia su equipo, sus clientes y los productos en los que ha trabajado. Uno de los más destacados es AL-Go para GitHub, una herramienta que facilita el trabajo de los desarrolladores, cuya continuidad quiere asegurar.

Comprometido hasta el final

Freddy sigue participando en reuniones y ofreciendo apoyo a sus antiguos compañeros. Les responde dudas, los orienta cuando lo necesitan, y planea incluso dar charlas motivacionales al personal actual sobre su carrera, sus aciertos y errores. “Nadie me pidió trabajar tanto los fines de semana”, recuerda. “Lo hice porque sentía una verdadera conexión con mis colegas, nuestros socios y clientes. Y, sinceramente, sigo sintiéndola”.

Su sentido del deber lo lleva a mantenerse presente y activo, no porque se lo exijan, sino porque lo considera lo correcto.

Una actitud que le honra, pues hay que ponerse en su piel y si aquí en España tienes que ir a los 15 días de preaviso al trabajo, sabiendo que vas a la calle, normalmente se hace con una actitud de ‘a mí ya no me interesa lo que pase en esta empresa’.

Un futuro con nuevos retos

Más allá de su compromiso con Microsoft, Kristiansen está centrado en diseñar su próximo capítulo profesional. Con la indemnización recibida (equivalente a nueve meses de salario) como respaldo, planea lanzar su propio negocio, en el que ofrecerá servicios como director de tecnología, gestión de proyectos y charlas motivacionales.

También quiere retomar hábitos saludables como hacer ejercicio regularmente y viajar más. Considera que este momento es una oportunidad para reinventarse y encontrar una nueva forma de aportar valor sin tener que sacrificar su bienestar personal.

“Desde los despidos, me recuerdo a mí mismo que toda nube tiene un lado positivo”, reflexiona. En su caso, ese lado es la posibilidad de iniciar una etapa más libre, centrada en sus propios objetivos, sin renunciar a su vocación de ayudar.

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