La vuelta al trabajo después de una baja médica acabó en despido disciplinario, amenazas, insultos y un procedimiento judicial que ha terminado dando la razón a la empresa.
El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha confirmado en su sentencia 590/2026 (STSJ PV 801/2026) el despido de un trabajador de una empresa de grúas de Bizkaia después de protagonizar una fuerte discusión con su jefa el mismo día en el que regresó a la empresa tras una incapacidad temporal.
Todo comenzó cuando la empresaria le recriminó unas sospechas relacionadas con el presunto uso de las grúas de la compañía para fines delictivos mientras él estaba de baja. Al parecer existían diligencias abiertas por presuntos delitos de hurto y estafa relacionados con el uso de las grúas de la empresa. Según recoge la sentencia, aquellas acusaciones hicieron estallar al empleado.
La discusión fue subiendo de tono hasta acabar con insultos muy graves, golpes sobre la mesa y amenazas directas contra la empresaria.
La Justicia considera probado que el trabajador llamó a su jefa “zorra”, “mentirosa” e “hija de puta”. Además, llegó a amenazar con “quemar la grúa o atropellarla”, mientras golpeaba mobiliario de la oficina y levantaba el puño cerrado.
La tensión dentro de la nave fue tal que un hombre que se encontraba realizando una reparación tuvo que intervenir para intentar frenar la situación. Después del enfrentamiento, el empleado abandonó las instalaciones haciendo aspavientos y gesticulando.
La empresa abrió un expediente y el trabajador terminó demandando
Horas después del incidente, la empresa notificó al trabajador por WhatsApp la apertura de un expediente sancionador. Apenas unos días más tarde, el 10 de febrero de 2025, recibió por burofax la carta de despido disciplinario.
El empleado decidió acudir a los tribunales para intentar que el despido fuese declarado improcedente. El caso llegó primero al Juzgado de lo Social número 11 de Bilbao, que terminó dando la razón a la empresa.
El juzgado consideró acreditado que el trabajador insultó gravemente a la empresaria, golpeó la mesa y protagonizó una escena de gran tensión dentro de las instalaciones.
Sin embargo, el trabajador recurrió esa decisión ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. En su recurso alegó que la sentencia del Juzgado de lo Social hablaba de “graves insultos”, pero no concretaba exactamente qué expresiones había pronunciado durante la discusión.
También defendía que el despido era una sanción desproporcionada y que los hechos, en todo caso, deberían haber derivado en una suspensión de empleo y sueldo. El TSJ rechazó todos esos argumentos.
El WhatsApp que terminó reforzando la versión de la empresa
Uno de los aspectos más importantes del caso fue la prueba utilizada para acreditar lo ocurrido durante la discusión.
La sentencia recoge que en la empresa no existía un sistema de videovigilancia permanente, sino una alarma con cámara que solo se activaba durante unos microsegundos cuando detectaba movimiento. Es decir, no había una grabación completa del enfrentamiento.
Por eso, tanto el Juzgado de lo Social como después el Tribunal Superior de Justicia dieron especial relevancia a otros elementos de prueba, como la declaración de la empresaria, el testimonio del hombre que intervino durante la discusión y un WhatsApp que el propio trabajador envió dos días después.
En ese mensaje, el empleado intentaba pedir otra oportunidad tras lo ocurrido.
“Solo te pido una oportunidad, castígame o mátame, pero por favor dime algo, estoy destrozado por mis comentarios”, escribió.
Para el TSJ, ese mensaje resultó “más que ilustrativo” porque reforzaba la credibilidad de la versión de la empresa y evidenciaba la gravedad de los comentarios realizados durante el enfrentamiento.
Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco concluyó que los insultos, las amenazas y la actitud agresiva del empleado constituían una conducta suficientemente grave como para justificar la máxima sanción laboral, el despido disciplinario.

