Mientras en España se quiere bajar la jornada laboral de 40 horas hasta las 37,5 horas semanales, en Alemania las empresas de sectores del automóvil el metal y la ingeniería quieren todo lo contrario, volver a las 40 horas semanales. Eso sí, sin que este aumento de jornada suponga un aumento de salario para sus trabajadores
La industria cree que esta fórmula ayudaría a reducir unos costes laborales que se encuentran entre los más elevados de Europa y permitiría recuperar competitividad. Los trabajadores obviamente se encuentran en el lado contrario y se preparan para defender las 35 horas justo cuando se acerca una negociación colectiva que afecta a más de 3,7 millones de empleados.
Trabajar cinco horas más a la semana manteniendo el mismo sueldo
La propuesta no consiste en una reducción directa de los salarios, sino en mantener la nómina actual aumentando el número de horas trabajadas. Una persona con una jornada de 35 horas pasaría a realizar 40 cada semana, de manera que cobraría menos por cada hora efectiva de trabajo. Para las empresas, precisamente ahí está una de las ventajas del cambio.
Un cálculo citado dentro del debate industrial estima que ampliar la jornada hasta las 40 horas podría reducir alrededor de un 13% los costes laborales. Entre quienes han defendido públicamente recuperar una semana laboral más larga aparecen responsables de grandes compañías como Mercedes-Benz y Stihl. El presidente del consejo de supervisión de Stihl, Nikolas Stihl, ha vuelto a reclamar esta misma semana una jornada de 40 horas sin aumento salarial como parte de las reformas que considera necesarias para mejorar la competitividad alemana.
El argumento empresarial se apoya en las diferencias de costes que existen respecto a otros países. Según los últimos datos de la Oficina Federal de Estadística alemana, el coste laboral alcanzó en 2025 una media de 45 euros por hora en Alemania, un 29% más que el promedio de la Unión Europea. La diferencia aumenta en la industria manufacturera, donde llegó a 49,50 euros por hora frente a los 35 euros de la UE.
El problema se hace especialmente visible en el automóvil. Las estimaciones recogidas en el debate sitúan los costes laborales asociados a fabricar un vehículo en Alemania en unos 3.307 dólares, frente a 955 dólares en España y 597 dólares en China. Las compañías alemanas afrontan al mismo tiempo el encarecimiento de la energía, la transición hacia el vehículo eléctrico y una competencia cada vez mayor de los fabricantes chinos.
Las 35 horas son una conquista que los trabajadores no quieren perder
Volver a las 40 horas significaría tocar uno de los acuerdos laborales más importantes de la industria alemana. La reducción comenzó a conseguirse después de las grandes movilizaciones del metal durante los años ochenta y terminó consolidando una jornada completa de 35 horas para numerosos trabajadores de sectores como el automóvil, la siderurgia y la ingeniería.
Esto no significa que todos los trabajadores alemanes tengan una semana laboral de 35 horas. El modelo procede fundamentalmente de los convenios colectivos de determinadas industrias. Tampoco se trata de empleo a tiempo parcial. Al igual que ocurre en España, una jornada completa puede tener menos de 40 horas cuando el convenio colectivo establece una duración inferior.
IG Metall rechaza la propuesta empresarial y defiende además que las 35 horas actuales ya permiten cierta flexibilidad. Las compañías pueden adaptar parte del tiempo de trabajo a sus necesidades mediante los mecanismos incluidos en los convenios, algo diferente a elevar de manera permanente la jornada semanal. Es una distinción similar a la que existe entre aumentar las horas de trabajo y cambiar la manera en la que una empresa distribuye la jornada de sus trabajadores.
La principal preocupación de los sindicatos, sin embargo, está en el empleo. Si cada trabajador realiza cinco horas adicionales, una fábrica puede completar el mismo número de horas de producción con una plantilla menor. Por eso temen que trabajar más termine facilitando nuevos recortes de puestos de trabajo en una industria que ya atraviesa importantes ajustes.
Volkswagen es uno de los ejemplos de esa situación, pues la compañía lleva tiempo negociando una profunda reestructuración de sus operaciones alemanas y el acuerdo alcanzado a finales de 2024 ya incluía una reducción de más de 35.000 puestos hasta 2030. Las diferencias entre la empresa y los trabajadores han vuelto a hacerse visibles en septiembre, después de que IG Metall reclamara nuevas conversaciones ante los planes de la compañía.
Las 40 horas llegan a la mesa de negociación
El debate sobre la jornada laboral aparece además a pocas semanas de que comience una nueva negociación colectiva en la industria metalúrgica y eléctrica alemana, donde más de 3,7 millones de trabajadores están pendientes de las condiciones que se acuerden. Según los datos publicados por IG Metall antes de la negociación, el sindicato ha consultado a 267.000 empleados de 2.285 empresas y las respuestas muestran que, junto al salario, mantener el empleo es una de las principales preocupaciones de las plantillas.
La situación no es la misma en toda la industria y preocupa especialmente entre los trabajadores del automóvil, uno de los sectores que más ajustes está afrontando. En cuanto a los salarios, un 47,8% de los participantes considera adecuada una subida moderada, mientras que otro 35% apuesta por un incremento mayor. Estos resultados servirán ahora al sindicato para preparar una negociación en la que también estará presente el debate sobre el tiempo de trabajo.
El calendario comenzará a avanzar en las próximas semanas. La dirección de IG Metall fijará su posición definitiva el 23 de septiembre y las primeras reuniones con las organizaciones empresariales están previstas a partir del 7 de octubre. Los convenios actuales terminan el 31 de octubre, por lo que si para entonces no hay acuerdo, desde el 1 de noviembre podrían comenzar las primeras huelgas de advertencia.
Por ahora, la propuesta de ampliar la jornada no supone que Alemania vaya a pasar de forma general de 35 a 40 horas semanales. No existe una medida aprobada que obligue a todos los trabajadores del país a hacer cinco horas más y el Gobierno alemán tampoco ha anunciado una reforma para imponerla. Lo que se está planteando es revisar las condiciones acordadas en determinados sectores industriales donde la jornada de 35 horas forma parte de sus convenios colectivos.
Las empresas que defienden este cambio creen que ampliar las horas manteniendo los salarios ayudaría a reducir los costes de producción en Alemania, mientras que los sindicatos consideran que trabajar más no resolvería por sí solo los problemas que atraviesa la industria. El elevado precio de la energía, la competencia de los fabricantes chinos, la adaptación al vehículo eléctrico y el exceso de capacidad de algunas plantas seguirían estando presentes aunque los trabajadores pasaran más tiempo en sus puestos.
La negociación que comienza en octubre será, por tanto, el siguiente paso para conocer qué recorrido tiene esta propuesta. Para los trabajadores afectados, el cambio tendría una consecuencia fácil de medir, ya que pasar de 35 a 40 horas supone trabajar cinco horas más cada semana manteniendo la misma nómina. Todo ello llega cuando muchas plantillas están pendientes de los ajustes de empleo anunciados por algunas de las principales compañías industriales del país.

