Llevaba más de 10 años trabajando en un hotel y acaba despedido por quedarse con 20 euros de propina

Repuso el dinero de su bolsillo después de que desapareciera de una villa turística, para evitar problemas, pero finalmente acabo despedido después de que se descubriera que también tiró y luego falsifico el cuestionario de satisfacción de los clientes.

Llevaba más de diez años trabajando en un hotel de Fuerteventura, incluso había ascendido a jefe de recepción y se puede decir que lo tiró todo a la basura por quedarse con 20 euros de una propina y tirar a la papelera un cuestionario de satisfacción de unos clientes que luego falsificó. Primero lo negó todo, pero luego intentó zanjar el asunto poniendo él los 20 euros de su bolsillo, pero a pesar de eso, terminó con la carta de despido disciplinario.

Aunque inicialmente consiguió que un juez declarara su despido como improcedente condenando a la empresa a pagarle aproximadamente 32.000 euros, la empresa recurrió y el Tribunal Superior de Justicia de Canarias acabó dándole la razón. Los magistrados consideraron que las pruebas reunidas, entre ellas una fotografía, los registros de acceso a la habitación y las explicaciones contradictorias del empleado, eran suficientes para atribuirle lo ocurrido. El resultado fue la pérdida de su empleo sin derecho a indemnización.

Una propina de 20 euros que desapareció en apenas unos minutos

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El trabajador había comenzado a prestar servicios para esta empresa hotelera en septiembre de 2014, primero como recepcionista y, desde mayo de 2022, como jefe de recepción. El 10 de mayo de 2025 comenzó su jornada a las siete de la mañana, una hora antes de lo habitual, para atender las tareas de recepción. Entre sus funciones estaba recoger los cuestionarios de satisfacción que los huéspedes dejaban en las villas antes de marcharse.

Aquella mañana, unos turistas habían abandonado una de las villas sobre las siete y media y antes de irse dejaron sobre una mesa un cuestionario cumplimentado, un sobre, un bolígrafo y un billete de 20 euros de propina. En el establecimiento, el dinero que los clientes dejaban en las habitaciones se entregaba a la gobernanta, que se encargaba de repartirlo entre el personal correspondiente.

A las 8:04 horas, el jefe de mantenimiento entró en la villa acompañado de un operario para comprobar si había alguna avería antes de que llegaran nuevos huéspedes. Al ver el dinero y el cuestionario, hizo una fotografía con su teléfono móvil a las 8:05 horas y la compartió en el grupo de WhatsApp que utilizaban los departamentos de mantenimiento y pisos.

Sin embargo, cuando accedió la camarera de pisos encargada de limpiarla observó que no estaba ni el billete de 20 euros ni el cuestionario de satisfacciones sobre la mesa. Fue entonces cuando la trabajadora pregunta al personal de mantenimiento por la propina, mientras la gobernanta comenzó a averiguar quién había podido entrar en la habitación y llevarse los objetos.

La gobernanta llamó al departamento de recepción para preguntar si alguien había recogido el cuestionario y fue el propio jefe de recepción quien atendió la llamada y respondió inicialmente que nadie de su departamento había acudido aquella mañana a esa villa.

Cuando la gobernanta le explicó que el jefe de mantenimiento había fotografiado la encuesta junto al dinero, el empleado se desplazó hasta la habitación. Allí pidió ver la imagen y participó en la búsqueda, aunque no encontraron ninguno de los objetos desaparecidos. Más tarde, durante una conversación telefónica con la subdirectora del hotel, el trabajador comentó que tenía algo que contarle en privado. Para hacerlo se trasladó a la zona del spa, que permanecía cerrada, y volvió a llamarla. Le explicó que el cuestionario y el billete habían aparecido rotos en una papelera de recepción y que él se hacía responsable de lo sucedido.

Ese mismo día acudió al departamento de lencería y ofreció la misma explicación a la gobernanta y reconoció entonces que había entrado en la villa y le entregó otros 20 euros de su propio bolsillo para reponer la propina. También pidió disculpas por lo ocurrido.

El dinero fue entregado a la camarera de pisos, pero las explicaciones no terminaron de aclarar lo sucedido. El lunes 12 de mayo, la subdirectora y la responsable de Recursos Humanos se reunieron con el jefe de recepción para pedirle que relatara lo ocurrido. El empleado mantuvo su versión, aunque la empresa todavía tenía pendiente revisar los registros de acceso y hablar con los trabajadores implicados.

Precisamente cuando la empresa revisó el sistema electrónico de cerraduras puedo comprobar que el jefe de recepción entró en la villa a las 8:21 horas, unos cuatro minutos antes de que entrara la camarera de pisos.

Una encuesta diferente a la que habían dejado los turistas

Al día siguiente apareció otro detalle que aumentó las sospechas y es que durante la reunión habitual en la que los responsables del hotel comprobaban las encuestas de satisfacción, encontraron un cuestionario correspondiente a la misma villa, pero no coincidía con el que había fotografiado mantenimiento.

La letra era diferente, el color del bolígrafo tampoco coincidía y el documento incluía un texto que no aparecía en la fotografía original. La empresa comenzó a sospechar que alguien había sustituido la encuesta cumplimentada por los huéspedes.

Las cámaras de seguridad aportaron más información, ya que en las grabaciones de aquella jornada se veía al jefe de recepción rompiendo un papel, tirándolo a una papelera y rellenando otro documento con un bolígrafo. También aparecía manipulando dinero de caja, algo que formaba parte de sus funciones habituales.

Con toda la información reunida, la empresa abrió un expediente disciplinario el 17 de mayo y dio al trabajador cinco días para presentar alegaciones (lo que se conoce como dar audiencia previa al trabajador, un trámite previo obligatorio en los despidos disciplinarios). Finalmente, el 23 de mayo de 2025 le comunicó su despido disciplinario por transgresión de la buena fe contractual, al atribuirle la desaparición de la propina y la sustitución del cuestionario.

El trabajador ganó primero en el juzgado, pero el TSJ acabó dando la razón al hotel

El trabajador, al no estar conforme, llevó su caso a los tribunales y el Juzgado de lo Social le dio la razón y declaró su despido improcedente. El juez consideró que su comportamiento había sido sospechoso, especialmente por los cambios de versión y por haber entregado los 20 euros de su bolsillo. Sin embargo, entendió que esos indicios no bastaban para demostrar que hubiera cogido la propina ni que fuera el responsable de sustituir la encuesta.

Además, uno de los aspectos que tuvo en cuenta fue que otros empleados podían acceder a la villa por una entrada que no quedaba registrada en el sistema electrónico. Tampoco se podía identificar qué papeles había roto y rellenado el jefe de recepción en las imágenes de seguridad, ya que trabajar con documentos formaba parte de sus tareas diarias.

El veredicto del juez no fue aceptado por la empresa que presentó un recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias defendiendo que no era necesario disponer de una grabación del momento exacto en el que desaparecieron los 20 euros, porque la suma de las pruebas permitía identificar al responsable.

El tribunal en su sentencia 223/2026 (STSJ ICAN 297/2026) dio la razón al hotel al valorar conjuntamente los cuatro indicios que presentó la empresa para justificar el despido: el registro de entrada del trabajador, la fotografía y la llegada de la camarera, sus versiones contradictorias, la reposición del dinero de su bolsillo y las imágenes en las que aparecía manipulando documentos, unidas a la aparición de una encuesta diferente.

Para el tribunal, la posibilidad de que otra persona hubiera entrado en la villa no bastaba para dejar sin efecto todas esas circunstancias. Aunque no existía una prueba directa de la sustracción, consideró que los hechos estaban suficientemente conectados para atribuir al jefe de recepción la responsabilidad de lo sucedido.

Por ello, recovó la primera sentencia y  declaró procedente el despido, con la extinción del contrato desde el 23 de mayo de 2025 y sin derecho a indemnización.

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