El absentismo laboral alcanzó durante el primer trimestre de 2026 el 7,62% de las horas pactadas, el nivel más alto registrado para este periodo en toda la serie histórica. Buena parte de esas ausencias están relacionadas con problemas de salud, ya que la tasa de absentismo por incapacidad temporal se situó en el 5,9%.
Un trabajador de baja médica no falta a su trabajo por gusto, sino porque está enfermo y un médico ha determinado que temporalmente no puede desempeñar su trabajo. Por eso, para muchos trabajadores meter estas ausencias dentro del mismo “saco” del absentismo laboral no parece justo. Al fin y al cabo, una baja médica no es algo que el trabajador pueda decidir por su cuenta. Un facultativo debe valorar su estado de salud y determinar si está incapacitado para trabajar antes de tramitar el correspondiente parte de baja.
Es precisamente en esa consulta donde pueden aparecer situaciones mucho más difíciles de gestionar. La médica anestesista Carmen Truyols ha contado durante una entrevista con Arturo Zarzalejo que negarse a conceder una baja laboral puede acabar con el facultativo recibiendo amenazas del propio trabajador. Durante la conversación habló del aumento de las bajas y de la posibilidad de que algunas personas intenten conseguir una incapacidad temporal sin necesitarla realmente. Truyols admite que existen estos comportamientos, pero rechaza que después se responsabilice al médico que termina firmando la baja sin tener en cuenta las condiciones en las que ha tenido que tomar esa decisión.
La médica puso como ejemplo lo que, según relata, sucede cuando un paciente solicita una incapacidad temporal y el facultativo considera que no existen motivos para concedérsela. “Yo te digo que no te doy la baja y tú me amenazas”, afirmó antes de asegurar que este tipo de episodios ocurren “cada día en los centros de salud”. Truyols explica que esa presión puede terminar con el profesional cediendo y firmando un parte que inicialmente había rechazado. “Yo te termino dando la baja, ¿y es culpa mía? Eso no”, añadió.
Truyols reconoce que hay trabajadores que intentan conseguir una baja sin necesitarla
Que Truyol defienda a los médicos de familia no significa que niegue que haya trabajadores que intenten aprovecharse de las bajas médicas. Durante la entrevista recuerda haber escuchado conversaciones en las que una persona llegaba a plantearse pedir una baja si no conseguía determinados días libres. Para la anestesista, engañar al médico para conseguir una baja perjudica a todos, porque durante ese tiempo el trabajador puede tener derecho a cobrar una prestación.
“Cuando tú timas en una baja nos estás timando a todos”
El problema, según explica, está en dejar en manos del médico de familia la tarea de descubrir quién está realmente enfermo y quién le está mintiendo. El facultativo tiene que escuchar al paciente, valorar su estado de salud y decidir si puede seguir trabajando, una decisión que se complica todavía más cuando los síntomas no pueden comprobarse fácilmente con una prueba médica.
Además, pedir una baja no significa que el médico tenga que concederla. El trabajador tiene que pasar por un reconocimiento médico y es el facultativo quien debe valorar si su estado de salud le impide realizar su trabajo. Esto también explica por qué dos personas con una misma enfermedad pueden encontrarse en situaciones diferentes dependiendo de cómo les afecte y del trabajo que desempeñen.
La Ley General de la Seguridad Social recoge precisamente que la incapacidad temporal cubre a los trabajadores que reciben asistencia sanitaria y están impedidos para trabajar por una enfermedad o un accidente. Dicho de una forma más sencilla, estar enfermo no significa automáticamente tener que estar de baja. La enfermedad tiene que impedir al trabajador desarrollar su actividad laboral y esa es la valoración que debe hacer el médico.
El problema aumenta cuando el médico no tiene una prueba que permita medir los síntomas
Valorar si un trabajador necesita una baja puede ser más complicado cuando los síntomas que describe no pueden comprobarse con una prueba médica. Truyols pone como ejemplo la diferencia entre una fractura, que puede verse en una radiografía, y problemas como la ansiedad, la depresión, el insomnio o determinados dolores, donde el médico tiene que valorar hasta qué punto afectan a la persona y si realmente le impiden desempeñar su trabajo.
En estos casos, buena parte de la valoración depende de lo que el paciente cuenta durante la consulta y de lo que el médico observa mientras lo atiende. Una persona puede explicar que lleva días sin dormir, que tiene depresión o que sufre un dolor que le impide trabajar, pero el facultativo no siempre dispone de una prueba que confirme en ese momento lo que está relatando. Truyols pone el foco precisamente en esa dificultad, porque el médico tiene que decidir si concede la baja sin poder saber siempre si el trabajador le está diciendo la verdad.
Las bajas laborales por ansiedad son uno de los ejemplos que permiten entender mejor esta situación, ya que una persona puede no tener una lesión física visible y, aun así, no encontrarse en condiciones de desempeñar su profesión. La propia Truyols cuenta que ella pasó por una situación similar y terminó de baja por ansiedad después de llevar alrededor de un año atravesando un momento personal complicado mientras continuaba trabajando como anestesista.
Cuando finalmente acudió a su médica de familia, Truyols recuerda que apenas podía contar lo que le estaba pasando sin llorar. La facultativa le preguntó por su situación y por el trabajo que desempeñaba y, cuando supo que era anestesista, le dijo que no podía seguir trabajando en esas condiciones. Hasta ese momento había continuado ejerciendo pese a cómo se encontraba y, una vez de baja, llegó a sentir vergüenza por no estar trabajando e incluso tuvo que escuchar comentarios de personas de su entorno que cuestionaban su situación porque la habían visto haciendo la compra.
Ese episodio personal le sirve para explicar por qué ver a alguien haciendo vida cotidiana no significa que esté preparado para volver a trabajar, del mismo modo que el médico tampoco dispone siempre de una prueba que permita descubrir a quien está fingiendo para conseguir una baja. Al final, es el facultativo quien tiene que valorar cada caso durante la consulta y decidir si el estado de esa persona realmente le impide desempeñar su trabajo.
Las mutuas y el INSS también intervienen en el control de las bajas
El médico que emite inicialmente una baja no es el único profesional que puede intervenir durante todo el proceso. Dependiendo de la causa de la incapacidad y de quién gestione la prestación, los servicios públicos de salud, las mutuas y el Instituto Nacional de la Seguridad Social pueden asumir distintas funciones de seguimiento y control. En los procesos derivados de contingencias comunes cuya prestación económica gestiona una mutua, esta puede realizar actuaciones de seguimiento y formular una propuesta motivada de alta cuando considere que el trabajador puede reincorporarse. Feijóo por ejemplo ha señalado que otorgaría a las mutuas poder para dar el alta a los trabajadores, con el objetivo precisamente de evitar las bajas simuladas.
Para el trabajador, la intervención de estos organismos también tiene consecuencias económicas. Durante una incapacidad temporal existe una prestación cuyo pago y responsabilidad pueden cambiar dependiendo del origen de la baja y del momento del proceso, por lo que quién paga realmente al trabajador mientras permanece de baja puede involucrar a la empresa, la Seguridad Social o una mutua.
El control también cambia cuando la incapacidad se alarga. Con carácter general, la situación puede mantenerse durante 365 días y prorrogarse otros 180 cuando se espera que el trabajador pueda recibir el alta por curación o mejoría. Alcanzados determinados plazos, el INSS asume competencias sobre el proceso, de modo que lo que ocurre cuando una baja llega a los 545 días es distinto de lo que sucede durante sus primeras semanas.
La denuncia de Carmen Truyols se dirige precisamente a lo que sucede antes de llegar a esos controles posteriores, cuando el trabajador se sienta delante del médico y este debe decidir si procede emitir el parte. La anestesista admite que existen personas que pueden intentar aprovecharse del sistema, pero considera injusto responsabilizar después a los facultativos del número de bajas cuando, según denuncia, algunos reciben presiones e incluso amenazas si se niegan a concederlas.

