Cómo desenmascarar a un compañero de trabajo sin caer en su juego

Las señales que pueden ayudarte a descubrir si un compañero está actuando a tus espaldas y cómo dejar en evidencia su comportamiento sin entrar en su juego.

No siempre es fácil darse cuenta de que un compañero de trabajo está jugando en tu contra, a veces la ‘puñalada‘ viene del que menos te lo esperas. El mundo real no es como en las películas de Disney en las que el ‘malo’ muestra sus intenciones abiertamente, la realidad es que mantiene una buena relación contigo para aprovecharse de ti.

La competitividad en el trabajo está a la orden del día y son muchos los que llegan con ganas de heredar la empresa y escalar por encima de todos y muchos son de los que tiran la piedra pero esconden la mano. Seguro que alguna vez te ha pasado que alguien de tu trabajo se cuelga la medalla de una idea tuya o de un trabajo tuyo. O incluso de aquellos que ‘echan balones fuera’ cuando hay problemas e intentan responsabilizarte, o no te comunica información vital para tus funciones diarias o comentarios que descubres que ha hecho cuando tú no estabas delante.

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Cuando esto ocurre, es normal querer demostrar cuanto antes lo que está haciendo. Sin embargo, desenmascarar a un compañero de trabajo no consiste en tenderle una trampa ni en intentar poner al resto de la plantilla en su contra. Si realmente existe un comportamiento desleal, suele ser mucho más efectivo observar si se repite y conseguir que los hechos sean visibles por sí mismos.

Fíjate en cómo actúa, no en cómo te cae

El primer paso es probablemente el más difícil y es separar la impresión personal de lo que realmente está ocurriendo en lo laboral. Cuantas veces se dice que en el trabajo no hay amigos, lo que hay son compañeros y punto, al menos durante la jornada. Separar la parte personal de lo laboral es importante sobre todo para evitar que ‘cara duras’ se puedan aprovechar de ti.

Es más, puedes tener un compañero con el que no conectes, que sea competitivo o que tenga una forma de trabajar completamente diferente a la tuya y eso no significa necesariamente que esté intentado perjudicarte. Simplemente esta haciendo su trabajo lo mejor posible, eso sí siempre que no ‘juegue sucio’.

Las sospechas empiezan a tener más fundamento cuando aparecen conductas concretas que se repiten. Por ejemplo, si delante de ti reconoce tu trabajo pero cuando habla con vuestro responsable omite tu participación, o incluso en algo que supuestamente habéis hecho los dos, pero en realidad lo has hecho tu solo y delante de los demás se cuelga la medallita de que ha participado.

También están los que te preguntan disimuladamente como resolverías un problema y tu como buen compañero se lo dices y resulta que le estas haciendo el trabajo donde estaba atascado, pero no viene a pedirte ayuda por orgullo o vergüenza de que tu sepas más que él. Cuando critica constantemente a otros compañeros cuando no están presentes; si solo se ofrece a ayudarte cuando puede obtener algo a cambio; o si cambia completamente su versión de una situación dependiendo de quién tenga delante.

También puede ocurrir que sea especialmente cercano cuando necesita información, ayuda o que le resuelvas una tarea, pero después desaparezca cuando eres tú quien necesita colaboración, ya sabes, con la excusa eso no es de mi departamento..

Una situación aislada puede tener muchas explicaciones. Cuando el mismo comportamiento se repite en diferentes momentos es cuando merece la pena prestarle atención.

No le cuentes todo para comprobar hasta dónde llega

Si has empezado a desconfiar de una persona, no necesitas enfrentarte inmediatamente a ella, hay que jugar al despiste. Durante un tiempo puedes limitar la relación a cuestiones profesionales y observar qué ocurre.

Esto es especialmente importante con la información personal y con los comentarios sobre otros compañeros. Si alguien acostumbra a contarte continuamente lo que supuestamente dicen los demás, criticar a quienes no están presentes o intentar que te posiciones contra otra persona, conviene ser prudente.

Una buena regla es no decir delante de ese compañero nada que te incomodaría escuchar después en boca de otra persona. No se trata de inventar información falsa para comprobar si la difunde. Eso podría terminar generando un problema del que tú también formarías parte. Simplemente deja de proporcionarle información que no necesita para trabajar.

Con el tiempo podrás comprobar si vuestra relación continúa siendo igual de cercana cuando ya no obtiene de ti información, favores o ventajas.

Haz que tu trabajo deje rastro

Esta es probablemente una de las formas más eficaces de descubrir si un compañero está intentando aprovecharse de tu trabajo. Si realizáis tareas conjuntamente, procura que quede claro qué parte corresponde a cada persona. Un correo con un resumen de lo acordado, un documento compartido donde aparecen las aportaciones o una actualización normal sobre el estado de un proyecto pueden ser suficientes.

No necesitas escribir mensajes pensando en reunir pruebas contra tu compañero. Simplemente trabaja de una manera que permita reconstruir fácilmente quién hizo qué.

Si esa persona realmente se está atribuyendo tus ideas, ocultando tus aportaciones o intentando responsabilizarte de sus errores, tendrá mucho menos margen para hacerlo cuando el trabajo sea trazable.

Además, hay una diferencia enorme entre decirle a un responsable “creo que se está aprovechando de mí” y poder mostrar naturalmente cómo se repartió una tarea y qué hizo cada persona.

Observa si su comportamiento cambia cuando hay alguien delante

Hay comportamientos que solo se entienden cuando se comparan situaciones. Un compañero puede mostrarse muy crítico con una decisión cuando está contigo y defender exactamente lo contrario cuando aparece el jefe. También puede tratar de una manera a determinadas personas cuando están solas y cambiar completamente cuando hay más compañeros presentes.

Eso no demuestra automáticamente que alguien sea falso, pero los cambios constantes de comportamiento según quién tenga delante pueden revelar qué está buscando en cada relación. Lo mismo ocurre con los errores. Una persona puede asumirlos cuando estáis solos y después ofrecer una versión diferente cuando tiene que explicarlos delante de un responsable.

Por eso conviene escuchar más de lo que hablas cuando empiezas a detectar contradicciones. Intentar pillarlo continuamente puede hacer que acabes interpretando cualquier gesto como una confirmación de tus sospechas. Dejar que las situaciones se produzcan de manera natural ofrece mucha más información.

No lo desenmascares hablando mal de él

Puede parecer contradictorio, pero intentar convencer a todos de que un compañero es falso es una de las estrategias que más fácilmente pueden volverse en tu contra. Si empiezas a explicar a otros trabajadores que es un trepa, un hipócrita o una mala persona, la situación deja de girar alrededor de lo que él hace y se convierte en un enfrentamiento entre dos compañeros. Vamos que al final el que pasa a ser el malo de la película eres tú.

Además, estarás utilizando precisamente uno de los comportamientos que probablemente estás criticando: hablar de alguien cuando esa persona no está presente.

Los rumores en el trabajo pueden generar situaciones especialmente delicadas, aunque tampoco cualquier comentario entre compañeros constituye por sí mismo acoso laboral. De hecho, la Justicia ha tenido que pronunciarse sobre casos en los que se difundieron rumores entre trabajadores sin considerar que existiera acoso laboral.

Si otro compañero ha tenido problemas similares, posiblemente terminará contándotelos sin necesidad de que tú dirijas la conversación. Y si nadie más ha observado esas conductas, también es información que deberías tener en cuenta antes de llegar a conclusiones definitivas.

Pon límites y comprueba cómo reacciona

A veces conocemos mejor las intenciones de una persona cuando dejamos de hacer lo que espera de nosotros. Si un compañero acostumbra a dejarte parte de sus tareas, puedes indicarle con normalidad que no puedes asumirlas. Si constantemente intenta obtener información que no necesita, puedes dejar de proporcionársela. Si presenta como suya una aportación conjunta, puedes aclarar tranquilamente cuál ha sido tu participación. No hace falta hacerlo de manera agresiva.

Los límites pueden ser tan sencillos como “esa parte la preparé yo, si quieres explico cómo la hicimos” o “prefiero que cada uno termine la tarea que tiene asignada”.

La reacción también aporta información. Una persona puede aceptar perfectamente que hayas marcado un límite. Otra puede enfadarse, intentar hacerte sentir culpable o modificar su trato contigo precisamente cuando deja de obtener aquello que buscaba.

Si vas a enfrentarlo, habla de un hecho concreto

Si después de observar varias situaciones tienes claro que existe un problema, puedes hablar directamente con tu compañero. Pero es mejor hacerlo sobre algo que realmente haya sucedido.

“No me gustó que presentaras esa propuesta como tuya cuando la habíamos preparado entre los dos” es una conversación muy diferente de “sé perfectamente la clase de persona que eres”.

En el primer caso puede explicar lo ocurrido y tú puedes valorar su respuesta. En el segundo, probablemente solo conseguirás que se defienda. No necesitas que reconozca que es un mal compañero para confirmar un comportamiento concreto. Si niega algo que puedes comprobar, cambia continuamente su versión o vuelve a actuar de la misma manera después de haber hablado sobre ello, tendrás mucha más información que antes.

Cuando ya no estamos simplemente ante un mal compañero

Hay una diferencia importante entre trabajar con una persona falsa, egoísta o difícil y que sus comportamientos empiecen a cruzar determinados límites. Que un compañero intente colgarse una medalla que no le corresponde o sea de los que nunca asumen sus errores puede hacer muy complicado el día a día, pero eso no convierte automáticamente la situación en acoso laboral.

La cosa cambia cuando aparecen humillaciones, aislamiento, ataques continuados, rumores o actuaciones dirigidas a perjudicarte profesionalmente y, además, estas conductas se mantienen en el tiempo. En estos casos conviene saber qué se considera acoso laboral o mobbing y cómo puede identificarlo un trabajador, porque no es necesario que el problema venga de un jefe.

El denominado acoso horizontal puede producirse precisamente entre compañeros que se encuentran en un nivel jerárquico similar. Por eso, cuando lo que parecía una mala relación empieza a convertirse en un comportamiento continuado contra ti, el problema ya puede ir mucho más allá de tener que aguantar a un mal compañero.

La mejor forma de desenmascararlo es no jugar a su juego

Cuando sentimos que alguien intenta perjudicarnos queremos que el resto también lo vea. Pero cuanto más esfuerzo dediques a demostrar que esa persona es falsa, más posibilidades existen de que el conflicto termine perjudicándote también a ti.

Mantén tu trabajo visible, limita la información que compartes, establece responsabilidades claras y corrige las situaciones concretas cuando ocurran.

Si tu compañero simplemente te caía mal, el tiempo probablemente te permitirá comprobar que habías interpretado mal algunas situaciones. Pero si realmente existe un patrón de mentiras, apropiación de méritos, manipulación o intentos de responsabilizarte de sus errores, hacer que cada uno responda de su propio trabajo terminará dejando ese comportamiento mucho más expuesto que cualquier intento de tenderle una trampa.

Al final, desenmascarar a un mal compañero no consiste tanto en conseguir que todos descubran quién es, sino en crear las condiciones para que lo que hace deje de poder esconderse detrás del trabajo de los demás.

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