Ford despide a un trabajador por unas galletas de 1,70 euros: demuestra que las pagó, le ofrecen volver y 30.000 euros, pero se niega

Kurt Kromm llevaba 11 años trabajando como electricista en una planta de Ford cuando fue acusado de no pagar unas galletas de 1,95 dólares (unos 1,70 euros). Su extracto bancario demostró que sí había abonado la compra. La empresa rectificó, le ofreció reincorporarse y unos 33.000 dólares (cerca de 30.000 euros) en salarios atrasados, pero decidió no regresar.

Unas galletas de apenas 1,95 dólares, unos 1,70 euros, terminaron con un trabajador despedido después de 11 años en Ford. Kurt Kromm, electricista de 60 años en una planta de la compañía en Kentucky, Estados Unidos, fue acusado de llevárselas sin pagar después de comprarlas en un quiosco de autopago de la fábrica. Una semana más tarde estaba fuera de la empresa.

La acusación, sin embargo, tenía un problema. Las galletas sí estaban pagadas. Kromm encontró el cargo en sus movimientos bancarios y presentó la documentación para demostrarlo. Ford acabó rectificando, le ofreció recuperar su puesto y el pago de unos 33.000 dólares, cerca de 30.000 euros, en salarios atrasados. Él decidió que no quería volver.

Lo acusaron de no pagar las galletas y acabó fuera de Ford

Anuncios

Todo había comenzado durante el turno de noche del 9 de mayo. Kromm trabajaba como electricista reparando robots y equipos automatizados en la planta de Ford en Louisville cuando acudió a uno de los quioscos de autoservicio gestionados por Aramark para comprar unas galletas con pepitas de chocolate. El caso fue dado a conocer por la periodista Phoebe Wall Howard en su boletín Shifting Gears, donde reconstruyó lo ocurrido a partir del relato del trabajador y documentación sobre el despido.

El producto costaba 1,95 dólares, alrededor de 1,70 euros. Según explicó posteriormente, pasó su tarjeta de débito por el terminal y apareció un mensaje de error en rojo. Lo intentó de nuevo y esta vez la máquina no rechazó la operación, aunque tampoco apareció con claridad la confirmación habitual. Kromm entendió que el pago se había realizado correctamente y regresó a su puesto.

La compra parecía no tener mayor importancia. Sin embargo, una semana después, el 16 de mayo, dos supervisores lo llamaron a una oficina. Allí le mostraron imágenes relacionadas con la operación realizada en el quiosco y lo acusaron de haberse llevado las galletas sin pagarlas.

Según el relato del trabajador, la decisión fue inmediata. Ford lo despidió y lo escoltó fuera de la planta. Kromm asegura que ni siquiera pudo recoger sus pertenencias personales y tuvo que pedir posteriormente ayuda para recuperarlas. Así terminaron de golpe los 11 años que llevaba trabajando para la compañía. Aunque este caso ocurrió en Estados Unidos, en España llevarse un producto sin pagar puede justificar un despido aunque tenga un valor muy pequeño. La gran diferencia en el caso de Kromm es que posteriormente pudo acreditar que sí había pagado.

Ya en casa, Kromm empezó a revisar lo sucedido. Quería comprobar si realmente el terminal había rechazado la compra o si, como él pensaba, el segundo intento de pago había funcionado. Fue entonces cuando encontró la prueba que podía cambiar su situación.

El extracto bancario demostró que las galletas estaban pagadas

Al revisar sus movimientos bancarios encontró el cargo correspondiente a la compra de las galletas. Según explicó, la operación aparecía alrededor de las 3:38 de la madrugada y el importe coincidía con el producto por el que acababa de perder su empleo. Un problema con el pago también estuvo detrás del despido de un trabajador de Carrefour que había comprado bollos para celebrar su cumpleaños con sus compañeros. En aquel caso, la Justicia española entendió que se había producido un error y no un intento de apropiarse de los productos, por lo que declaró el despido improcedente.

Kromm también pidió a un antiguo compañero que fotografiara el quiosco para dejar constancia del precio. Después envió capturas de la transacción a responsables de Ford y representantes sindicales. La compañía le pidió posteriormente un extracto bancario certificado que acreditara el pago y el trabajador entregó la documentación.

Semanas después llegó la rectificación. Ford le comunicó que podía recuperar su puesto y que recibiría los salarios correspondientes al periodo durante el que había permanecido fuera de la fábrica. Las informaciones aportadas sobre el caso sitúan la cantidad en aproximadamente 33.000 dólares, cerca de 30.000 euros.

Ese dinero no correspondía a una indemnización judicial por el despido. Se trataba de los salarios atrasados que había dejado de percibir desde que salió de la fábrica hasta que Ford le ofreció reincorporarse.

Para entonces, Kromm ya había tomado una decisión. No quería volver a Ford. Después de más de una década trabajando en la planta, explicó que había perdido la confianza en la compañía y que emocionalmente no podía regresar después de la forma en la que se había producido su salida.

El trabajador también lamentó no haber recibido una disculpa que considerase suficiente. Había pasado de acudir con normalidad a su puesto a ser acusado de robo y expulsado de las instalaciones por unas galletas de 1,95 dólares, unos 1,70 euros, cuyo pago pudo acreditar posteriormente con sus movimientos bancarios.

La oferta para recuperar su empleo tampoco ha cerrado el conflicto. El New York Post informó después de que Kromm había puesto el caso en manos del abogado J. Will Huber, que está estudiando las posibles reclamaciones que podría presentar contra Ford y Aramark.. Entre ellas se encuentra una posible reclamación relacionada con la acusación realizada contra el trabajador.

Su abogado considera que la acusación de robo contra Kromm era falsa y ha criticado la actuación de Ford y Aramark. También ha señalado que ninguna de las compañías ha realizado una retractación que permita, a juicio de la defensa, limpiar el nombre del electricista.

Ford ha evitado entrar en los detalles de un posible litigio. La compañía sí ha reconocido que se han planteado problemas de funcionamiento en algunos de los quioscos de autoservicio de Aramark y que ambas empresas están revisando esas situaciones.

Lo que comenzó con una compra de 1,95 dólares, unos 1,70 euros, acabó así con un empleado de 11 años de antigüedad fuera de la fábrica. Después de demostrar que había pagado, Ford le ofreció recuperar su puesto y unos 33.000 dólares, cerca de 30.000 euros, en salarios atrasados. Kromm ha preferido no volver y ahora estudia los pasos legales que puede dar tras lo ocurrido.

Relacionado
Últimas Noticias