La Justicia avala el despido de un jefe de comedor de Paradores por preguntar a compañeras por su vida sexual y comentar “cómo tiene los pezones”

El tribunal confirma el despido disciplinario y rechaza que hubiera discriminación frente a otro trabajador sancionado al entender que el cargo de responsabilidad agravó la conducta

Llevarse bien con los compañeros ayuda a crear un buen ambiente laboral, pero hay límites que no desaparecen por la confianza. El lugar de trabajo no deja de ser un entorno profesional y determinadas conductas pueden acabar teniendo consecuencias.

Eso es lo que le ocurrió a un jefe de comedor de Paradores España, que realizó de forma continuada preguntas a compañeras sobre su vida sexual, comentarios sobre su físico y expresiones impropias dentro del entorno laboral.

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El resultado fue que acabo despedido a pesar de que llevó su caso ante la justicia, pero el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León en su sentencia (STSJ CL 1510/2026) ha confirmado la procedencia de su despido disciplinario.

De los comentarios en el comedor a las comandas de cocina

El trabajador era jefe de comedor en Paradores de Turismo de España. El problema empezó con comentarios en voz alta durante la jornada. No eran frases aisladas. En el día a día, el empleado llegó a preguntar a compañeras por su vida sexual, por la frecuencia con la que mantenían relaciones y por determinadas prácticas íntimas.

También hacía comentarios sobre el físico de trabajadoras, hasta el punto de referirse a cuestiones como la talla de sujetador o determinados atributos físicos.

La situación dio un salto cuando esos comentarios dejaron de quedarse en conversaciones dentro del comedor y pasaron al sistema interno de trabajo.

El 1 de abril de 2025, al enviar instrucciones a cocina a través del terminal de comandas, incluyó junto a una orden de servicio una frase sobre una compañera: “Jacinta cómo tiene los pezones. La comanda llegó impresa a la cocina, donde podía ser vista por el personal que estaba trabajando en ese momento.

Días después, el 18 de abril, volvió a aparecer otro mensaje impropio en una instrucción enviada a cocina. Esta vez, la frase fue: “Luis Alberto sigue sin follar”.

Para la empresa, aquello ya no podía tratarse como una broma fuera de lugar. Los mensajes habían entrado en una herramienta de trabajo y se habían proyectado delante de otros empleados.

La empresa abrió expediente y acabó despidiéndolo

Tras investigar lo ocurrido, Paradores abrió un expediente disciplinario al jefe de comedor. También actuó contra otro trabajador que aparecía vinculado a algunos de los comentarios.

La diferencia llegó en la sanción. Al cocinero le impusieron 20 días de suspensión de empleo y sueldo. Al jefe de comedor, en cambio, le entregaron la carta de despido disciplinario con efectos del 2 de junio de 2025.

La empresa encuadró los hechos como faltas muy graves y vinculó la decisión a ofensas verbales, faltas de respeto y una conducta incompatible con el entorno laboral (Artículo 54.2 del Estatuto de los Trabajadores).

El trabajador llevó el despido a los tribunales

El jefe de comedor no aceptó la decisión y presentó demanda. Primero pidió que el despido fuera declarado nulo por vulneración de derechos fundamentales. De forma subsidiaria, solicitó que se declarara improcedente.

Su argumento principal era que se le había tratado peor que al otro empleado implicado. Si ambos habían participado en comentarios similares, defendía, no tenía sentido que uno fuera suspendido y el otro despedido.

También alegó que el trámite de audiencia previa no había sido real, porque la empresa ya tendría tomada la decisión cuando presentó sus alegaciones.

La Justicia avala su despido disciplinario

Tanto el Juzgado de lo Social como luego el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León rechazaron sus argumentos. La clave estuvo en el cargo que ocupaba. Para la Sala, no era lo mismo la conducta de un cocinero que la de quien ejercía como jefe de comedor y tenía una posición jerárquica superior.

Además, el tribunal tuvo en cuenta que el otro trabajador reconoció los hechos, pidió disculpas y se comprometió a no repetirlos. El jefe de comedor, en cambio, primero los minimizó como bromas y después negó parte de lo ocurrido.

Con esos elementos, la Justicia concluye que la sanción fue proporcionada y confirma el despido procedente.

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