El tráfico aéreo en Bélgica quedó prácticamente paralizado este martes después de que los controladores aéreos iniciaran una huelga sin previo aviso que obligó a cancelar alrededor de 200 vuelos y dejó en tierra a más de 20.000 pasajeros.
La protesta comenzó a las 14.00 horas y afectó de lleno al aeropuerto internacional de Bruselas-Zaventem, que pidió a los viajeros con vuelos programados durante la tarde que no acudieran a la terminal. Durante varias horas no fue posible operar salidas ni llegadas en el espacio aéreo belga.
La incidencia se extendió también a otros aeropuertos del país, especialmente Charleroi y Lieja, donde ya se habían registrado cancelaciones desde el lunes por las primeras movilizaciones de los controladores de Skeyes, la empresa encargada de gestionar el tráfico aéreo en Bélgica.
Las aerolíneas tuvieron que reorganizar sus operaciones y contactar con los pasajeros afectados. Ryanair, una de las compañías con mayor presencia en Charleroi y Lieja, canceló cerca de 100 vuelos, con miles de viajeros pendientes de nuevas alternativas para poder volar.
Una protesta inesperada que bloqueó el espacio aéreo belga
El aeropuerto de Bruselas informó de que la huelga se había convocado de forma espontánea y que el tráfico aéreo quedaba suspendido durante buena parte de la tarde. La recomendación a los pasajeros fue clara: no desplazarse al aeropuerto si tenían un vuelo previsto en las horas afectadas.
Los vuelos programados para la noche quedaron pendientes de la evolución del paro y de la capacidad de las compañías para recuperar parte de la operativa. Aun así, el impacto de la huelga ya había dejado una jornada de fuertes retrasos, cancelaciones y pasajeros atrapados sin poder viajar.
El conflicto está en una torre de control digital
El origen de la protesta está en el rechazo de parte de los controladores a la futura puesta en marcha de una torre de control digital en Namur. Este sistema asumirá desde 2027 la gestión de los aeropuertos de Charleroi y Lieja, centralizando operaciones que hasta ahora se realizan desde cada instalación.
Una torre de control digital permite dirigir el tráfico aéreo desde una ubicación distinta al aeropuerto mediante cámaras, sensores y sistemas de vigilancia en tiempo real. Sus defensores sostienen que mejora la eficiencia y la seguridad, pero los trabajadores temen que transforme de forma profunda su organización laboral.
La huelga ha vuelto a poner sobre la mesa el choque entre modernización tecnológica y condiciones de trabajo en un sector clave. Mientras se debate el futuro del control aéreo, los principales afectados han sido los pasajeros, que vieron cómo sus vuelos quedaban cancelados sin margen para reaccionar.

