Hace 16 años, Francesco trabajaba mucho para conseguir unos ingresos que le permitían considerarse una persona casi acomodada. Hoy sigue trabajando como traductor y asegura que gana prácticamente lo mismo que entonces, pero su vida es muy distinta. Los precios han subido mientras sus ingresos se han quedado prácticamente congelados y esa pérdida de capacidad económica ha llegado hasta una de sus decisiones más personales.
El traductor italiano, de 46 años, explica que le gustaría formar una familia, pero vincula directamente el hecho de no tener hijos con el dinero que gana. “La única razón por la que no tengo hijos es mi ingreso insuficiente”, cuenta en un testimonio recogido originalmente por el medio italiano Fanpage.it.
Su situación resume un cambio que él mismo explica comparando su vida actual con la que tenía en 2010. “En 2010 me consideraba casi rico, aunque trabajaba mucho para ganar una buena cantidad. Hoy, con los mismos ingresos, me siento casi pobre”, relata. No habla de haber perdido su empleo ni de una reducción directa de lo que cobra. El problema es que su dinero ya no le permite vivir como antes.
Su sueldo apenas ha cambiado desde 2010, pero los precios sí
Francesco trabaja como traductor desde 2009 y actualmente desarrolla su actividad entre Palermo, Berlín y Atenas. Su forma de cobrar tampoco responde al salario mensual habitual de un trabajador por cuenta ajena. Según explica, recibe su remuneración en función de las pulsaciones que realiza en el teclado mientras trabaja.
A esta forma de pago se suma, según su propio relato, la falta de algunas de las coberturas que tendría en un empleo convencional. “Mi trabajo no incluye cotizaciones, vacaciones ni ningún otro beneficio”, explica. Lo que hace años veía como una forma de trabajar flexible terminó perdiendo buena parte de sus ventajas a medida que aumentaba el coste de vivir.
Francesco asegura que su salario se ha mantenido prácticamente igual desde 2010 mientras “los precios de todo se han disparado”. Es precisamente esa diferencia entre lo que entra y lo que cuesta vivir la que ha cambiado su situación. Mantener el mismo sueldo durante años no significa mantener el mismo nivel de vida cuando vivienda, alimentación, energía y otros gastos avanzan en la dirección contraria.
La pérdida de poder adquisitivo que describe Francesco no es un fenómeno aislado en Italia, ya que la Oficina Parlamentaria de Presupuesto italiana ha analizado la evolución de las retribuciones del sector privado y calcula que los salarios brutos reales se redujeron de media un 6,6% entre 1990 y 2026. El estudio también señala que el aumento de la inflación desde 2021 provocó una nueva pérdida de capacidad de compra entre los trabajadores.
La comparación ayuda a entender lo que Francesco cuenta desde su propia experiencia, cuando una persona puede seguir viendo una cantidad similar en sus ingresos y, sin embargo, disponer de menos dinero una vez pagados los gastos habituales. En España también se observa este efecto cuando los salarios crecen por debajo de los precios y el trabajador pierde capacidad de compra, aunque la situación laboral y las leyes aplicables sean diferentes en cada país.
El dinero ha terminado afectando a sus planes de tener hijos
La parte más personal de su historia aparece cuando explica qué ha supuesto vivir durante tantos años con unos ingresos prácticamente estancados. Ya no se trata únicamente de gastar menos, reducir las salidas o tener más dificultades para ahorrar. Francesco asegura que su situación económica ha condicionado sus planes de formar una familia.
“Me gustaría tener una familia y la única razón por la que no tengo hijos es mi ingreso insuficiente”, explica. Su testimonio muestra hasta dónde puede llegar la pérdida de capacidad económica cuando se mantiene durante años. El salario deja de afectar únicamente a lo que una persona compra cada mes y pasa a marcar decisiones que condicionan su futuro.
El coste de la vivienda es uno de los gastos que mejor permite entender ese problema, ya que no afecta únicamente a quienes cobran poco. Un salario que puede parecer suficiente sobre el papel pierde rápidamente margen cuando una parte elevada termina destinada a pagar una casa. En España, por ejemplo, el peso del alquiler sobre el sueldo está dejando a trabajadores con cada vez menos dinero disponible para afrontar el resto de sus gastos.
Francesco también mira con distancia las expectativas que tenía años atrás sobre trabajos como el suyo y recuerda que las profesiones nuevas y vinculadas a una mayor movilidad podían tener inconvenientes, pero también ofrecían ventajas. Ahora describe una realidad diferente marcada, en su caso, por ingresos bajos, falta de protección y ausencia de aumentos salariales.

