Anthropic pone cifras al impacto de la IA en el empleo: podría eliminar uno de cada cinco puestos de oficina y bajar sus salarios un 11,5%

La empresa detrás de Claude dibuja un escenario para 2030 en el que la economía crecería a un ritmo del 15,4% anual, mientras el desempleo entre los trabajadores del conocimiento alcanzaría el 17,9%. La compañía advierte de que no se trata de una predicción.

La inteligencia artificial podría llevar a la economía a crecer a un ritmo nunca visto y, al mismo tiempo, dejar sin trabajo a una parte importante de quienes hoy ocupan puestos profesionales, administrativos, comerciales y directivos. Anthropic, la empresa responsable de Claude, ha puesto cifras a esa posibilidad en un nuevo estudio sobre el impacto económico de la IA hasta 2030. En el escenario más extremo analizado por la compañía, el empleo entre los profesionales intelectuales un 21,5%, su tasa de desempleo alcanzaría el 17,9% y sus salarios bajarían un 11,5% respecto a una economía equivalente sin ese desarrollo de la inteligencia artificial.

El golpe al empleo se produciría, además, mientras la economía crece con una fuerza extraordinaria. El PIB aumentaría a un ritmo del 15,4% anual y en 2030 sería un 32,4% mayor de lo que habría sido sin la IA, suficiente para que la economía duplicara aproximadamente su tamaño cada cuatro años y medio. Esta diferencia entre crecimiento y empleo es precisamente uno de los principales resultados del estudio económico publicado por Anthropic sobre los posibles efectos de la IA hasta 2030, que analiza qué puede ocurrir con los puestos de trabajo, los salarios y el reparto de la riqueza a medida que estos sistemas ganen capacidades y sean utilizados por más empresas.

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Las cifras no significan que Anthropic espere que este sea el mercado laboral que encontraremos dentro de cuatro años. La compañía trabaja con tres escenarios diferentes y advierte expresamente de que no son predicciones y no les asigna ninguna probabilidad. Los resultados cambian según lo que llegue a ser capaz de hacer la IA, el grado de autonomía que alcance, la rapidez con la que se adopte y el tiempo que necesiten las personas desplazadas para encontrar otra ocupación. El escenario con mayor destrucción de empleo exige unas condiciones especialmente agresivas, entre ellas una IA más productiva que los humanos en la gran mayoría de las tareas del conocimiento y capaz de realizar casi todas ellas de forma autónoma.

Los trabajadores de oficina serían los más golpeados si la IA alcanza el escenario extremo

El modelo de Anthropic divide la economía en tareas y analiza cuáles permanecerían sin cambios, cuáles podrían hacerse con ayuda de la IA y cuáles terminarían completamente automatizadas. Esto coloca el foco sobre los “trabajadores del conocimiento”, un grupo amplio en el que aparecen puestos profesionales, administrativos, comerciales y directivos. Son empleos en los que buena parte de la jornada depende de tareas intelectuales que pueden realizarse delante de un ordenador y que, por tanto, podrían verse más afectadas a medida que estos sistemas sean capaces de trabajar con mayor autonomía.

La exposición de estas profesiones a la inteligencia artificial no parte únicamente de una hipótesis sobre el futuro. Un análisis anterior de Anthropic ya había detectado el uso de la IA en tareas presentes en una parte importante de los empleos de oficina, aunque esos datos no significaban que los puestos estuvieran siendo sustituidos por completo. El nuevo trabajo va un paso más allá y trata de calcular qué pasaría si durante los próximos años aumentaran tanto las capacidades de la tecnología como su utilización dentro de las empresas.

En el escenario más extremo, el número de puestos disponibles en las ocupaciones afectadas por la IA disminuiría progresivamente y una parte de sus trabajadores tendría que buscar empleo en otras profesiones. Anthropic utiliza ejemplos como programadores o empleados de centros de atención al cliente que podrían terminar trasladándose hacia trabajos menos expuestos, como enfermería o electricidad. Ese cambio no sería inmediato, ya que aprender nuevas habilidades, cambiar de profesión y encontrar una empresa dispuesta a contratar puede llevar meses o incluso años, lo que elevaría el número de personas que permanecerían temporalmente sin empleo.

El resultado que ofrece el modelo bajo esas condiciones es una caída del 21,5% del empleo del conocimiento y una tasa de desempleo del 17,9% entre estos trabajadores. El efecto llegaría también al resto del mercado laboral estadounidense, donde el desempleo general subiría hasta el 11,9%, por encima de los niveles habituales de una recesión. No todos los trabajadores saldrían perjudicados, ya que la reducción de determinados puestos intelectuales iría acompañada de una mayor demanda en actividades que la IA tendría más dificultades para realizar.

Esta diferencia también aparecería en las nóminas. La menor demanda de trabajo humano en las profesiones más expuestas presionaría sus salarios a la baja hasta situarlos un 11,5% por debajo de lo que habrían sido sin esa transformación. Para quienes trabajen fuera de las ocupaciones del conocimiento ocurriría lo contrario y sus salarios aumentarían un 33,6%, porque una economía mucho más productiva necesitaría más trabajadores en aquellas actividades que siguieran dependiendo principalmente de las personas.

La economía crecería mucho más, pero una parte mayor de la riqueza iría al capital

El fuerte deterioro que sufrirían determinados trabajadores contrasta con el crecimiento económico que produciría la misma tecnología. Anthropic calcula que el PIB alcanzaría los 44,4 billones de dólares en 2030 dentro del escenario extremo, un 32,4% más que en una economía equivalente sin ese impacto de la IA. El crecimiento anual llegaría al 15,4%, una velocidad que la propia compañía describe como superior a cualquier experiencia económica anterior y que permitiría duplicar el tamaño de la economía aproximadamente cada cuatro años y medio.

Ese aumento de la riqueza no llegaría de la misma manera a trabajadores y propietarios del capital. El modelo parte de una situación en la que alrededor de 60 centavos de cada dólar producido corresponden al trabajo y 40 centavos al capital. Si la IA automatizara una parte mucho mayor de las tareas, la participación del trabajo bajaría hasta el 45,2% y la del capital subiría al 54,8%. El país sería considerablemente más rico, pero los salarios representarían una parte menor de todo lo producido y los propietarios de los recursos y la tecnología recibirían una proporción mayor.

El reparto de esa productividad ya ha empezado a generar debate fuera de los modelos económicos. La abogada laboralista Virginia López Bello defendía recientemente que si una persona puede hacer en 25 horas gracias a la IA el trabajo que antes necesitaba 40, parte de ese beneficio debería regresar al trabajador mediante tiempo libre o mejores salarios. El escenario planteado ahora por Anthropic lleva esa discusión a toda la economía, porque permite que la producción aumente con mucha fuerza mientras disminuye la parte de la riqueza que termina en manos de quienes viven de su trabajo.

Las empresas también han empezado a relacionar la transformación tecnológica con cambios en sus plantillas, aunque los casos concretos no permiten anticipar por sí solos lo que ocurrirá en el conjunto del mercado laboral. En España, Capgemini incluyó el impacto de la inteligencia artificial entre los argumentos de un proceso de despido colectivo, dentro de una reorganización en la que la compañía señaló que estaban cambiando los perfiles profesionales que necesitaba.

Los otros dos escenarios de Anthropic dibujan un impacto mucho menor

La distancia entre el escenario extremo y los otros dos modelos elaborados por Anthropic ayuda a entender por qué las cifras más llamativas no deben interpretarse como una previsión. En el escenario más moderado, donde el efecto económico de la IA se parecería más al que tuvo Internet, el PIB sería un 1,6% mayor en 2030 y el empleo del conocimiento apenas caería medio punto porcentual, mientras el desempleo apenas cambiaría.

El escenario intermedio introduce una transformación bastante mayor, con una IA capaz de realizar aproximadamente la mitad del trabajo del conocimiento en 2030, aunque la tecnología todavía no sería utilizada para todas esas tareas. En esas condiciones, el PIB acabaría un 8,3% por encima de la trayectoria sin IA y el empleo del conocimiento bajaría un 3,9%. Los salarios de estos profesionales apenas avanzarían, mientras que los trabajadores de otras ocupaciones experimentarían mejoras cercanas al 6%.

Las diferencias entre los tres escenarios muestran hasta qué punto el efecto final dependerá de la velocidad con la que avance la tecnología y de cómo termine entrando en las empresas. Anthropic reconoce además que su modelo simplifica una economía mucho más compleja y deja fuera elementos que podrían cambiar los resultados, entre ellos las medidas que adopten los gobiernos, los ciclos económicos o posibles problemas en los mercados financieros. Algunos economistas que revisaron el trabajo también plantearon dudas sobre si las profesiones más expuestas a la IA acabarán reduciendo realmente su tamaño o podrían crecer gracias al aumento de productividad.

Lo que el estudio permite ver es una situación en la que crear mucha más riqueza no garantiza por sí solo más empleo ni mejores salarios para quienes realizan los trabajos que la IA puede asumir. Entre un escenario moderado donde apenas cambia el mercado laboral y otro en el que casi uno de cada cinco trabajadores del conocimiento está desempleado existe una enorme distancia. Lo que ocurra hasta 2030 dependerá de cuánto sea capaz de hacer la tecnología, de la rapidez con la que las empresas decidan utilizarla y de cómo se repartan los beneficios económicos que genere.

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