Una joven cuenta cómo era trabajar en Popeyes: “Mi contrato era de 15 horas, hacía unas 30 y nunca me las pagaban”

La extrabajadora relata jornadas de hasta 12 horas, salidas de madrugada, un accidente laboral y que la empresa puso fin a su último contrato alegando que no había superado el periodo de prueba pese a haber trabajado antes en la cadena.

Una joven ha contado en redes su experiencia trabajando en Popeyes, la cadena de restaurantes de pollo frito y seguro que en muchas cosas podrás sentirte identificado. Según relata entró con un contrato de pocas horas que no reflejaba la realidad de su jornada y asumiendo una carga de trabajo que acabó afectándole físicamente.

La experiencia de Blue su nombre en la red social TikTok tras su paso por varios establecimientos de la cadena en España, tuvo un último episodio cuando regresó a trabajar para Popeyes y, después sufrir un problema en una mano y estar tres días de baja, recibió una comunicación que le indicaban que no había superado el periodo de prueba.

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La decisión le sorprendió especialmente porque asegura que ya había trabajado anteriormente durante más de un año en establecimientos de Popeyes. Su relato comienza precisamente como una respuesta a quienes dicen que los jóvenes no quieren trabajar. Para ella, el problema no estaba en trabajar, sino en las condiciones que había aceptado durante ese tiempo.

El vídeo recoge el testimonio personal de la extrabajadora. Las situaciones que describe, entre ellas las horas que asegura que no cobró, las condiciones dentro de los establecimientos y el motivo que atribuye al fin de su último contrato, corresponden a su versión de los hechos.

De un contrato de 15 horas a trabajar unas 30

Blue sitúa el comienzo de los problemas prácticamente en sus primeros días. Según cuenta, ser nueva y encontrarse en periodo de prueba hacía que sintiera que debía aceptar cualquier tarea para conservar el empleo. Recuerda que durante su primera semana tuvo que ponerse de rodillas para limpiar una a una las juntas del suelo utilizando una rasqueta y desengrasante.

Más adelante pasó a trabajar en un establecimiento de mayor tamaño y es aquí donde aparece una de las principales denuncias de su relato. “Mi contrato era de 15 horas y las máximas eran 24 y yo hacía unas 30”, explica. La joven asegura que llegó a realizar jornadas de hasta 12 horas y que parte del tiempo trabajado por encima de su contrato no se le pagaba ni se compensaba posteriormente.

En los contratos a tiempo parcial existen reglas específicas para trabajar por encima de las horas pactadas. Las denominadas horas complementarias tienen límites, deben cumplir determinados requisitos y tienen que pagarse y cotizarse. Además, la jornada de los trabajadores a tiempo parcial debe registrarse diariamente y totalizarse cada mes.

La joven asegura que algunas noches salía del restaurante a las cinco o seis de la mañana y después tenía que caminar durante aproximadamente media hora hasta su casa porque no disponía de transporte. Según explica, había advertido de esta situación, especialmente por lo que suponía regresar sola durante la madrugada de los fines de semana.

En uno de los episodios que recuerda, una gran cantidad de aceite terminó derramada por la cocina después de un problema con las freidoras. Blue asegura que se encontró prácticamente sola para solucionarlo mientras seguía pendiente de otras tareas. Tenía que limpiar, rebozar pollo, controlar las freidoras y preparar hamburguesas al mismo tiempo. “A mí casi me da un paro cardíaco la ansiedad que tenía en el cuerpo”, recuerda.

La joven también relata una situación relacionada con la manipulación de alimentos. Según afirma, en uno de los establecimientos le hacían abrir bandejas de pollo que ella identifica como caducadas para comprobar cómo olían y decidir después si se utilizaban. Se trata de una de las acusaciones más delicadas de su vídeo y corresponde a su versión de lo sucedido.

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Volvió a trabajar en Popeyes y todo terminó después de una baja de tres días

Blue dejó de trabajar en la cadena en octubre, según explica en el vídeo, pero tiempo después decidió regresar cuando abrió otro establecimiento cerca del lugar donde se había mudado. La experiencia, sin embargo, terminó poco después de comenzar.

La joven cuenta que el trabajo repetitivo cargando bandejas de pollo terminó provocándole un problema en una mano. Ella lo identifica como un accidente laboral y asegura que permaneció tres días de baja. Tras recibir el alta regresó al restaurante.

Ese domingo, según su relato, tuvo que invertir alrededor de dos horas en transporte para acudir a un turno de solo tres horas. Había renunciado además a un viaje a Sevilla para poder trabajar. Cuando terminó su jornada y estaba cambiándose en el vestuario, recibió la noticia. No había superado el periodo de prueba.

“¿Cómo me vas a decir que no he pasado el periodo de prueba?”, protesta durante el vídeo. Su reacción se explica porque, según cuenta, ya tenía más de un año de experiencia trabajando anteriormente en Popeyes. Blue cree además que la decisión estuvo relacionada con el problema que había sufrido en la mano. “Claramente fue por lo de la mano”, afirma.

Para saber si ese periodo de prueba podía aplicarse en su caso habría que conocer los contratos y quién figuraba realmente como empleador. El artículo 14 del Estatuto de los Trabajadores establece que un periodo de prueba es nulo cuando el trabajador ya ha desempeñado anteriormente las mismas funciones en la empresa. Haber trabajado en establecimientos de una misma cadena, sin embargo, no permite aplicar automáticamente esta regla si detrás de los contratos había empresas distintas.

Lo mismo ocurre con la baja que la comunicación de no superar el periodo de prueba después de haber permanecido tres días sin trabajar no demuestra por sí solo que ese fuera el motivo de la decisión. Aunque si puede suponer indicios suficientes como para que la carga de la prueba recaiga en la empresa y esta deba desligar el despido con la baja médica. La joven establece esa relación en su relato, pero para determinar qué ocurrió sería necesario conocer la documentación laboral y las circunstancias concretas de la extinción.

Asegura que después de todo el tiempo trabajado su finiquito fue de apenas tres euros y que ni siquiera llegó a recibirlos. El finiquito no debe confundirse con una indemnización. Cuando termina una relación laboral deben liquidarse las cantidades que sigan pendientes, como salarios ya generados o vacaciones devengadas y no disfrutadas, aunque no exista derecho a una indemnización por la extinción.
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Ahora trabaja en Países Bajos y compara sus condiciones con las que tenía en España

Después de aquellas experiencias en Popeyes, Blue se encuentra actualmente trabajando en Países Bajos, donde asegura haber encontrado unas condiciones laborales muy distintas. La comparación que hace en el vídeo comienza por el salario, ya que afirma que ahora puede ganar en aproximadamente una semana lo que antes cobraba durante todo un mes y recuerda que, durante su etapa anterior, la cantidad más alta que llegó a cobrar fueron unos 800 euros.

Las diferencias que destaca no se limitan al dinero, ya que también habla del respeto a los descansos y del trato que recibe durante la jornada laboral. Para explicar ese cambio pone ejemplos cotidianos de su empleo actual, como el hecho de que les proporcionen bebidas o helados cuando trabajan con temperaturas altas, pequeños gestos que utiliza para mostrar hasta qué punto percibe de manera diferente sus condiciones de trabajo.

La comparación entre ambas experiencias le sirve para regresar al mensaje con el que había comenzado su relato, dirigido a quienes consideran que los jóvenes no quieren trabajar. Después de recordar las jornadas que asegura haber realizado, las horas que afirma que quedaron sin pagar, las salidas de madrugada, los problemas físicos y la forma en la que terminó su última etapa en la cadena, Blue deja claro que lo que no está dispuesta a hacer es volver a aceptar unas condiciones similares. “Exigir dignidad no es ser vago, es tener amor propio”, resume al final del vídeo.

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