Mientras en el Congreso de los Diputados no salía adelante la prórroga del Salario Mínimo Interprofesional de 2025, dejando en el aire su encaje normativo, el Ministerio de Trabajo movía ficha. En este contexto de incertidumbre política y retrasos parlamentarios, el departamento que dirige Yolanda Díaz ha cerrado un acuerdo con los sindicatos para fijar el nuevo SMI de 2026 en 1.221 euros brutos mensuales, incorporando además cambios relevantes en la forma en la que se aplican estas subidas salariales.
El acuerdo, alcanzado con UGT y CCOO y sin el respaldo de la patronal, supone un incremento del 3,1% respecto al salario mínimo anterior y tendrá carácter retroactivo desde el 1 de enero. En términos anuales, el SMI se situará en 17.094 euros brutos y beneficiará a entre 1,7 y 2,5 millones de trabajadores, según las estimaciones oficiales.
Una subida que va más allá de la cifra
Aunque el foco mediático suele ponerse en el importe final del salario mínimo, el verdadero cambio de este acuerdo está en la regulación de los complementos salariales. Trabajo y los sindicatos han pactado avanzar para limitar la absorción y compensación de pluses, una práctica que en la práctica ha permitido a algunas empresas neutralizar anteriores subidas del SMI, lo que se traduce en que muchos trabajadores seguían cobrando lo mismo.
El objetivo es evitar que el aumento del salario base se diluya reduciendo complementos como los de antigüedad, nocturnidad o peligrosidad, garantizando así que la subida se traduzca en una mejora real del salario que llega a la nómina.
Un acuerdo sin la patronal por sexto año consecutivo
El pacto vuelve a cerrarse sin el apoyo de las organizaciones empresariales. CEOE y Cepyme han rechazado tanto la cuantía del incremento como el blindaje de los pluses salariales, al considerar que supone una injerencia en la negociación colectiva y un aumento de los costes laborales para muchas empresas.
Desde el Gobierno recuerdan que la ley permite fijar el salario mínimo mediante real decreto, aunque reconocen que la falta de consenso con la patronal evidencia el desgaste del diálogo social. Para Trabajo, la prioridad sigue siendo proteger los salarios más bajos en un contexto de pérdida de poder adquisitivo acumulada.
Quiénes se beneficiarán de la subida
Los sindicatos destacan que el impacto del nuevo SMI se concentra en los colectivos más vulnerables del mercado laboral. Mujeres, trabajadores a tiempo parcial y empleados de sectores con bajos salarios representan una parte significativa de los beneficiarios.
Además, el salario mínimo se mantendrá exento de tributación en el IRPF, con mecanismos para evitar que las retenciones fiscales reduzcan el efecto real de la subida. El objetivo es que el incremento llegue casi íntegro al bolsillo de los trabajadores.
Un cambio de enfoque en la política salarial
Con esta decisión, el Gobierno consolida una estrategia de subidas sostenidas del salario mínimo, que desde 2018 acumula un aumento cercano al 66%. Al mismo tiempo, el acuerdo introduce un elemento nuevo al reforzar la protección de los complementos salariales frente a la absorción empresarial.
Más allá de la cifra concreta, la subida del SMI de 2026 marca un punto de inflexión en la política salarial y abre un debate de fondo sobre el equilibrio entre salarios, negociación colectiva y costes empresariales en España.

