Aroa Alonso preparaba oposiciones de Justicia y llegó a presentarse al proceso selectivo, pero no consiguió plaza y entró en la bolsa a la espera de que llegara una oportunidad. Durante ese tiempo, una amiga le propuso echar el currículum en la tienda donde trabajaba para tener un empleo mientras esperaba una llamada o decidía si continuaba estudiando. Lo que en principio parecía una solución temporal terminó cambiando sus planes y, sobre todo, la forma en la que veía su futuro profesional.
La joven trabaja ahora como cajera y ha explicado en un vídeo publicado en redes sociales que está encantada con su empleo. “Trabajo de cajera y me encanta”, reconoce al recordar una etapa en la que llegó a pensar que aprobar una oposición era prácticamente el camino que tenía que seguir para sentirse realizada. Pero finalmente, su experiencia ha terminado siendo muy distinta de aquella vida que había imaginado mientras estudiaba.
Aroa reconoce que nunca tuvo una vocación clara y que la decisión de opositar estuvo muy ligada a la presión que sentía por encontrar una profesión con la que demostrar que estaba avanzando en la vida. “Hace un año y medio estaba estudiando una oposición que era mi única opción para no sentirme una fracasada en la vida, sentirme realizada como persona”, cuenta. La oposición era entonces la respuesta que había encontrado a esa presión, aunque prepararla no era algo que realmente la llenase.
Entró en la bolsa y comenzó a trabajar mientras esperaba una llamada
Después de presentarse a las oposiciones de Justicia sin conseguir plaza, Aroa entró en la bolsa y quedó a la espera de una posible oportunidad. Es una situación por la que pasan muchos aspirantes cuando superan determinadas fases de un proceso selectivo sin obtener uno de los puestos disponibles. En otros procesos, aprobar una oposición sin conseguir plaza también puede dar acceso a una bolsa de contratación desde la que posteriormente se cubren necesidades temporales de personal.
Mientras esperaba, apareció una oportunidad que no formaba parte del plan que había trazado. Una amiga le recomendó presentar el currículum en la tienda donde ella trabajaba y Aroa aceptó. El empleo le permitía tener ingresos durante ese periodo, pero una vez dentro descubrió que el día a día en la tienda le estaba haciendo sentirse mucho mejor de lo que esperaba.
Buena parte de esa experiencia tiene que ver con las personas con las que trabaja. Aroa cuenta que sus compañeras la reciben con abrazos y habla con especial cariño de la relación que mantiene con su coordinadora, con quien intercambia muestras de afecto incluso después de los momentos de mayor estrés. Trabajar en una tienda puede tener jornadas complicadas y precisamente por eso considera tan importante encontrarse respaldada por quienes pasan esas horas a su lado.
“Que te sientas tan arropada en un entorno en el que pasas más tiempo que en tu propia casa es superimportante”, explica. Para ella, el ambiente laboral ha acabado teniendo un peso que antes no había tenido en cuenta cuando pensaba qué trabajo podía hacerla feliz, hasta el punto de sentir a algunas de sus compañeras prácticamente como parte de su familia.
Entre los momentos que utiliza para explicar esa cercanía recuerda una mañana en la que se sentía muy cansada mientras estaba desayunando en la cafetería. La trabajadora de la limpieza pasó junto a ella y le dio un beso en la frente que Aroa describe como “un beso de estos de madre”. Puede parecer un gesto pequeño, pero para ella representa el tipo de relaciones que ha encontrado en un lugar en el que pasa buena parte de su día.
La pregunta que se hace ahora sobre aquella plaza de funcionaria
Su vida actual ha hecho que mire de otra manera el futuro que perseguía cuando estudiaba las oposiciones. Aroa se pregunta “¿sería igual de feliz si me hubiera sacado las plazas de las oposiciones?” Y reconoce que convertirse en funcionaria le habría proporcionado un sueldo fijo, aunque dependiendo del destino también podría haber tenido que marcharse de su ciudad y vivir lejos de su familia y de sus amigas.
La joven no plantea que trabajar como cajera sea mejor que ser funcionaria ni pretende desanimar a quienes están preparando una oposición. Para muchas personas, conseguir una plaza representa precisamente la estabilidad laboral y económica que llevan tiempo buscando. Su reflexión parte únicamente de haber descubierto que ese camino, aunque parecía el adecuado desde fuera, no tenía por qué ser el que mejor encajara con ella.
Preparar unas oposiciones tampoco es una etapa sencilla cuando al mismo tiempo hay que obtener ingresos. El estudio puede prolongarse durante meses o años y supone gastos en academias, temarios y material, una realidad que incluso ha llevado a poner en marcha ayudas destinadas a cubrir parte del coste que supone preparar determinadas oposiciones del ámbito de Justicia. En el caso de Aroa, trabajar mientras esperaba una llamada terminó abriéndole una alternativa que hasta entonces no había considerado como su futuro.
@glownicas La vida es demasiado corta ❤️ #reflexion #vida #trabajo ♬ sonido original – Aroa Alonso 💫
El trabajo de cajera le permite seguir intentando vivir de su verdadera pasión
Hay otra razón que explica por qué su empleo actual encaja con la vida que quiere. Además de trabajar en la tienda, Aroa crea contenido de maquillaje en redes sociales y le gustaría poder vivir de ello en el futuro. El trabajo de cajera le permite mantener unos ingresos mientras dedica tiempo y parte de su dinero a comprar los productos que necesita para grabar y continuar haciendo crecer ese proyecto.
La joven compara esa situación con la que podría haber tenido si hubiera conseguido una plaza lejos de casa. Aunque dispondría de un salario fijo, tendría que afrontar un alquiler, suministros y el resto de gastos de vivir por su cuenta, por lo que posiblemente no podría invertir la misma cantidad de dinero en la creación de contenido. Su situación actual también le permite seguir cerca de su familia y sus amigos mientras ahorra con la intención de comprarse una casa en el futuro.
Ese proyecto personal ya le ha permitido vivir experiencias que antes veía muy lejanas, entre ellas viajar a Madrid para asistir a un evento relacionado con las redes sociales. Para Aroa, poder avanzar en esa dirección mientras trabaja con personas con las que se siente cómoda pesa más que la consideración social que pueda tener su puesto de cajera.
Su experiencia también toca una realidad habitual entre quienes no pueden dedicarse exclusivamente a estudiar. Trabajar mientras se preparan unas oposiciones obliga a compaginar la jornada laboral con el estudio y los propios exámenes, algo que puede condicionar durante bastante tiempo la vida personal. Aroa comenzó precisamente intentando combinar ambos caminos, aunque finalmente fue el trabajo que había llegado como una opción provisional el que acabó ganando espacio en sus planes.
“No todo el mundo necesita lo mismo para ser feliz”
Aroa dirige su mensaje especialmente a las personas que estudian una carrera o preparan unas oposiciones porque sienten que es el camino que se espera de ellas y no porque realmente quieran dedicarse a esa profesión. Al mismo tiempo, reconoce que hay quienes tienen una vocación clara desde muy jóvenes y encuentran precisamente en los estudios o en una plaza pública aquello que quieren hacer durante su vida laboral. Para ella, el problema aparece cuando las expectativas de los demás terminan pesando más que lo que una persona realmente quiere para sí misma.
Su idea de una buena vida pasa ahora por mantener un trabajo en el que se siente cómoda, seguir cerca de las personas que quiere, ahorrar y disponer de tiempo y dinero para continuar desarrollando su proyecto como creadora de contenido. “No todo el mundo necesita lo mismo para ser feliz”, explica al defender que elegir una vida más sencilla no tiene por qué significar haberse conformado.

