Alfonso Muñoz, funcionario de la Seguridad Social, explica si merece la pena cotizar por la base máxima para la jubilación

El funcionario compara varios casos para explicar hasta qué punto pagar cotizaciones sobre bases más altas mejora la futura pensión y qué ocurre cuando el cálculo supera el límite máximo.

Cotizar más durante la vida laboral suele traducirse en una pensión mayor cuando llega la jubilación, pero esa relación tiene límites. Un trabajador puede mantener durante años bases de cotización muy elevadas y generar una pensión teórica alta, aunque finalmente no pueda cobrar por encima de la pensión máxima establecida cada año.

Esta diferencia está detrás de una de las preguntas que Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario de la Seguridad Social y divulgador especializado en pensiones, asegura recibir de forma habitual. La duda es sencilla. ¿Merece realmente la pena cotizar por la base máxima pensando en la jubilación? Para explicarlo, Muñoz compara varios trabajadores con carreras laborales muy diferentes.

Anuncios

Muñoz parte del principio de contributividad del sistema público de pensiones, que relaciona lo aportado mediante las cotizaciones sociales con las prestaciones que se reciben. Cuantos más años se cotiza y mayores son las bases, mayor puede ser también la pensión de jubilación, aunque esa relación tiene límites cuando se alcanzan las cuantías máximas establecidas.

La diferencia entre cotizar por 5.101 euros y la pensión máxima

En 2026, la base máxima de cotización alcanza los 5.101,20 euros mensuales, una cifra bastante superior a los 3.359,60 euros mensuales fijados como límite máximo para las pensiones públicas, que pueden alcanzar los 47.034,40 euros al año. Esta diferencia es precisamente uno de los motivos que lleva a preguntarse hasta qué punto merece la pena mantener bases tan elevadas durante buena parte de la vida laboral.

Aunque ambas cantidades están relacionadas con la futura jubilación, no representan lo mismo, ya que los 5.101,20 euros no son la cantidad que el trabajador paga cada mes a la Seguridad Social, sino la base utilizada para calcular las cotizaciones y determinadas prestaciones. Por tanto, haber cotizado por esa cantidad no significa que llegado el momento de jubilarse se vaya a recibir una pensión equivalente.

Para mostrarlo, Muñoz utiliza el ejemplo de un trabajador que se jubila a los 65 años después de haber cotizado durante 40 años, prácticamente toda su carrera por la base máxima. Con ese periodo cotizado le correspondería el porcentaje completo sobre su base reguladora y el cálculo podría dar como resultado una pensión superior al límite establecido, pero la cantidad reconocida no podría superar la pensión máxima vigente.

La situación cambia cuando la carrera laboral no ha sido tan estable y se han alternado empleos peor remunerados, trabajos a tiempo parcial o periodos con cotizaciones inferiores, porque las bases altas de otros años pueden ayudar a compensar esas etapas y mejorar la pensión resultante. Esta es una de las razones por las que Muñoz considera que cotizar por bases elevadas sigue siendo beneficioso aunque exista un límite máximo para la pensión.

El resultado tampoco depende únicamente de cuánto se haya cotizado cada mes, ya que los años acumulados determinan el porcentaje que corresponde sobre la base reguladora. De ahí que los años necesarios para alcanzar el 100% de la base reguladora sean otro de los elementos que explican por qué dos trabajadores con bases similares pueden terminar cobrando pensiones diferentes.

Qué pasa si además se adelanta la jubilación

El tercer ejemplo utilizado por Muñoz introduce otro factor que puede cambiar considerablemente las cuentas. Se trata de un trabajador con 40 años cotizados y salarios elevados que, después de haber cotizado por la base máxima, decide jubilarse anticipadamente a los 63 años.

En este caso no basta con calcular la base reguladora y aplicar el porcentaje correspondiente por los años trabajados. Adelantar la jubilación supone aplicar coeficientes reductores cuya cuantía depende, entre otros factores, de los meses de anticipo y del periodo total que se haya cotizado.

Muñoz pone como ejemplo una base reguladora cercana a los 5.101 euros y explica que, después de aplicar la reducción correspondiente por adelantar la jubilación, la pensión teórica seguiría superando el máximo permitido. A partir de ahí entran en juego las reglas específicas previstas para aplicar los coeficientes reductores cuando la pensión calculada supera la pensión máxima.

El funcionario hace referencia a la disposición transitoria 34 de la Ley General de la Seguridad Social, que establece una aplicación progresiva de estos coeficientes para determinadas jubilaciones anticipadas. Esta transición se extiende hasta 2033, por lo que el efecto sobre una pensión máxima puede variar dependiendo del año en el que se produzca la jubilación.

Precisamente aquí Muñoz introduce una de sus principales críticas. Considera que debería revisarse el tratamiento de los trabajadores que adelantan su jubilación después de haber acumulado carreras laborales muy largas. En la actualidad, jubilarse anticipadamente después de haber cotizado 40 años o más puede seguir suponiendo una reducción de la pensión, aunque el trabajador haya superado ampliamente los años necesarios para obtener el porcentaje completo de su base reguladora.

El otro extremo, jubilarse después de cotizar solo 15 años

Frente al trabajador que acumula 40 años de cotización y bases altas, Muñoz plantea el caso de una persona que llega a la jubilación después de haber cotizado únicamente durante 15 años, el periodo mínimo exigido con carácter general para acceder a una pensión contributiva, siempre que también reúna el resto de requisitos establecidos por la Seguridad Social.

En el ejemplo utilizado por el funcionario, este trabajador ha pasado además por empleos a tiempo parcial y llega a la jubilación con una base reguladora de unos 1.100 euros mensuales. Al haber cotizado durante 15 años, le corresponde inicialmente el 50% de la base reguladora, por lo que la pensión calculada queda muy por debajo de la cuantía mínima que puede corresponderle según su situación personal y familiar.

Es en estos casos cuando puede intervenir el complemento a mínimos, siempre que se cumplan los requisitos exigidos para recibirlo. De esta forma, la Seguridad Social puede complementar una pensión contributiva cuando su cuantía queda por debajo del mínimo establecido, aunque no basta con tener una pensión baja, ya que también se tienen en cuenta los ingresos, la residencia y la situación familiar del pensionista.

Muñoz utiliza este ejemplo para compararlo con el trabajador que ha cotizado durante cuatro décadas por bases elevadas y que, pese a generar una pensión teórica mucho mayor, puede encontrarse con el límite de la pensión máxima y con una reducción adicional si adelanta su jubilación. La comparación le sirve para señalar las diferencias que pueden producirse entre las cotizaciones acumuladas durante la vida laboral y la cantidad que finalmente termina cobrando cada pensionista.

Entonces, ¿merece la pena cotizar por la base máxima?

La respuesta de Alfonso Muñoz es favorable a mantener bases de cotización elevadas siempre que la situación laboral lo permita. “Lo recomendable es cotizar lo más alto posible”, explica, porque una carrera profesional puede incluir años con salarios inferiores, trabajos a tiempo parcial o periodos en los que las cotizaciones sean más bajas.

Haber cotizado por bases elevadas durante otras etapas puede ayudar a reducir el efecto que esos años tienen posteriormente sobre la pensión. Además, desde 2026 ha comenzado el periodo transitorio del nuevo sistema para determinar la base reguladora, por lo que la forma de calcular la pensión empieza a tener en cuenta nuevas reglas sobre los años de cotización utilizados.

Ahora bien, cotizar por la base máxima durante muchos años no garantiza que la futura pensión mantenga la misma proporción respecto a esas bases. El límite máximo de las pensiones y, en determinados casos, los coeficientes asociados a una jubilación anticipada pueden hacer que la cantidad finalmente reconocida sea inferior a la pensión teórica obtenida inicialmente.

Por eso, más que comparar directamente los 5.101,20 euros de base máxima con los 3.359,60 euros de pensión máxima, hay que mirar toda la carrera laboral. Los años cotizados, las bases mantenidas durante ese periodo y la edad elegida para jubilarse son los que terminan determinando cuánto podrá cobrar cada trabajador.

Relacionado
Últimas Noticias