Los trabajadores españoles están perdiendo poder adquisitivo aunque su sueldo suba. El motivo no está solo en la inflación. También en los impuestos.
La OCDE lo deja claro en su último informe que en España, la carga fiscal sobre el salario crece más rápido que los propios sueldos. El resultado es directo. El dinero que llega al bolsillo es menor.
El aumento de impuestos ha permitido elevar la recaudación y reducir el déficit público. Pero tiene un coste claro para los trabajadores. La OCDE advierte de que este modelo puede desincentivar el empleo y reducir la capacidad de consumo.
Se puede resumir que el salario sube en el papel, pero baja en la vida real confirmando la frase popular de «antes ganaba menos, pero llegaba mejor a fin de mes»
España entra en el top 10 con más presión fiscal
Por primera vez en la historia, España se cuela entre las diez economías desarrolladas con mayor carga fiscal sobre el empleo.
El país ha escalado posiciones en los últimos años. Desde 2018, la presión fiscal ha aumentado en 1,8 puntos, uno de los mayores incrementos de la OCDE. Esto ha llevado a España del puesto 16 al 10 en el ranking.
Los impuestos ya absorben más del 41% del salario
Según el informe Taxing Wages, un trabajador medio soltero sin hijos destina ya el 41,4% de su sueldo bruto a pagar impuestos y cotizaciones sociales. Esto sitúa a España como el décimo país con mayor presión fiscal sobre el trabajo dentro de la OCDE. La media está muy por debajo, en el 35,1%.
Es decir, por cada 1.000 euros de salario, más de 400 euros se van directamente a Hacienda y a la Seguridad Social.
El problema: los impuestos suben más que el sueldo
El dato clave no es solo cuánto se paga, sino cómo evoluciona. En 2025, los salarios crecieron un 3,8%, pero al descontar la inflación, la subida real fue del 1,2%.
Sin embargo, los impuestos aumentaron un 1,5%. Resultado: los trabajadores perdieron un 0,3% de poder adquisitivo después de impuestos.
Esto significa que, aunque el sueldo suba en nómina, el dinero disponible real es menor que antes.
Gran parte de esta subida no se debe a cambios visibles en los impuestos, sino a un fenómeno menos conocido, la llamada “progresividad en frío”.
Ocurre cuando los salarios suben por la inflación, pero los tramos del IRPF no se actualizan. El trabajador pasa a pagar un tipo más alto sin ganar realmente más. En la práctica, es una subida de impuestos indirecta. Por ejemplo, cuando se aprobó la subida del SMI tanto en 2025 como en 2026, Hacienda se negó a actualizar los tramos para que el salario mínimo estuviera exento de IRPF. No obstante luego se aprobó una deducción en la declaración de la renta.
También afecta a sueldos bajos y familias
El impacto no se limita a salarios altos. Los trabajadores con ingresos bajos también están en máximos históricos de presión fiscal.
Un sueldo un 33% inferior a la media soporta cerca del 38% de carga fiscal, uno de los niveles más altos registrados. Las familias con hijos tampoco se libran. En algunos casos, la carga supera el 38% del salario conjunto.

