Quiso ahorrarse 1.750 euros en dos iPhone usando cupones de clientes y acabó despedida tras 20 años trabajando en El Corte Inglés

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha confirmado como procedente el despido disciplinario de una trabajadora de Viajes El Corte Inglés. Te preguntarás, ¿y por qué fue despedida? Pues por utilizar cupones descuentos asignados a clientes para una compra personal, pero no una compra cualquiera, los utilizó para sacar dos iPhone 14 cuyo precio de venta sería de 1.798 euros, pero gracias al uso de esos cupones logró comprarlos por 48 euros. Un gran descuento, aunque finalmente le costó el despido.

Más de 20 años trabajando en el Corte Inglés

La empleada, con más de 20 años de antigüedad en la empresa, trabajaba en el departamento de Estrategia de Clientes, dentro del área de Marketing Automation. Entre sus funciones estaba la gestión de incidencias relacionadas con cupones emitidos por El Corte Inglés para sus campañas de viajes.

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Durante la Campaña de Verano 2023, la empresa ofrecía cupones de hasta 500 euros o descuentos de hasta un 45% en compras, que se generaban tras reservar viajes por un mínimo de 8.501 euros. Estos cupones eran digitales y se enviaban a los clientes por correo electrónico. Una vez canjeados, quedaban desactivados, incluso si la compra se anulaba o el producto se devolvía.

Dos iPhone baratos que le costó su trabajo

Precisamente, dado que tenía acceso a estos cupones, el 1 de julio de 2023, fuera de su jornada laboral y del centro de trabajo, la trabajadora accedió no a uno, sino a cinco cupones que ya estaban asignados a clientes. Tres de estos cupones tenían asignado un descuento de 500 euros, otro de 200 euros y uno de 50 euros, en total tenía en su poder 1.750 euros en cupones.

Con ese dinero en cupones compró dos teléfonos iPhone 14 por valor de 1.798 euros a través de la web de El Corte Inglés, pero gracias a esos cupones solo pagó 48 euros, pagados con su tarjeta de El Corte Inglés.

Al día siguiente anuló la compra, pero a pesar de anularlos, los cupones ya habían sido utilizados y, por tanto, ya no podían utilizarse. Precisamente por eso fue pillada, porque en septiembre, uno de los clientes que tenía asignado uno de esos cupones quiso utilizarlo, pero fue rechazado. Al quejarse a la empresa, esta observó que no funcionaban porque ya había sido utilizado. La empresa inició una investigación interna e identificó la operación fraudulenta y por medio de la tarjeta de pago descubrió que fue la de la trabajadora.

Tras este hallazgo, la empresa la convocó a un trámite de audiencia previa. En su defensa, la trabajadora alegó que usó los cupones por error y que anuló la compra voluntariamente al darse cuenta. También sostuvo que su trayectoria en la empresa había sido impecable y que no causó perjuicio ni tuvo ánimo de lucro.

Sin embargo, el 25 de octubre de 2023, le comunicaron su despido disciplinario por cometer una falta muy grave por fraude, deslealtad y abuso de confianza, según el convenio colectivo del sector.

Su despido está justificado

En su demanda, la trabajadora alegó lo mismo que en su audiencia previa al despido disciplinario, que todo se debió a un error, que no actuó de mala fe y que anuló la compra al darse cuenta del fallo. Recalcó que durante más de 20 años nunca había sido sancionada, por lo que pidió que se aplicara un criterio de proporcionalidad, ya que, según su versión, no causó perjuicio real ni obtuvo un beneficio económico.

Sin embargo, tanto el Juzgado de lo Social número 14 de Madrid como el Tribunal Superior de Justicia rechazaron sus argumentos. El TSJM 265/2025 en su sentencia señaló que la buena fe contractual es un principio esencial de cualquier relación laboral, y que el uso de cupones ajenos en beneficio propio, incluso aunque no se completara la compra, supuso una grave transgresión de esa confianza.

El tribunal consideró probado que la trabajadora actuó con conocimiento de causa, utilizando de forma oculta recursos de la empresa a los que solo tenía acceso por su puesto. Además, indicó que el arrepentimiento posterior cancelando la operación no reduce la gravedad del acto, ya que ni siquiera comunicó ese supuesto error, solo lo hizo una vez que fue descubierta, lo que agrava su conducta. En otras palabras, que si no llega a ser por el cliente, muy posiblemente nadie se hubiera dado cuenta de esa compra, incluso si no hubiera sido cancelada.

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