Algo que solo podía ocurrir en España es que se hable más de una ministra de Trabajo por el bolso de su hija que por las medidas en materia de derecho laboral que desde su ministerio impulsa, dejando a un lado si finalmente tienen éxito o no. Un simple complemento se ha convertido en tendencia mientras las reformas que afectan al día a día de millones de trabajadores apenas reciben atención.
Yolanda Díaz está al frente del Ministerio de Trabajo desde enero de 2020. Bajo su mandato, el salario mínimo interprofesional (SMI) ha subido varias veces. Cuando ella asumió el cargo estaba en 950 euros al mes en 14 pagas. En 2023 se elevó a 1.080 euros, en 2024 alcanzó los 1.134 euros y para 2025 se fijó en 1.184 euros al mes en 14 pagas
Además, Díaz logró un acuerdo con sindicatos y empresarios para aprobar la reforma laboral de 2022, orientada a reducir la temporalidad y reforzar los contratos indefinidos.
No todo son éxitos y queda mucho por hacer
Aunque no todo han sido éxitos, también ha tenido fracasos, como la reciente reforma para reducir la jornada laboral a 37 horas y medio semanal sin reducción de salario. Otra es la reforma de los despidos, uno de los puntos que más críticas ha recibido de sindicatos y trabajadores tras su reforma light de 2022, en la que no modificó absolutamente nada de la reforma de 2012, en la que se redujeron las indemnizaciones por despido. Los sindicatos en su momento la señalaron, ya que se hablaba de derogar esa reforma y volver a los 45 días por año trabajado por despido improcedente y la vuelta de los salarios de tramitación, como ahora han solicitado los sindicatos en la futura reforma que se está planteando tras el tirón de orejas por parte de Europa.
Aun así, el mercado laboral ha cambiado de forma notable en los últimos años. El empleo indefinido se ha disparado, según los datos que proporciona el Ministerio de Trabajo. El número de desempleados sigue su tendencia a la baja y se acerca a los números previos al ‘estallido de la burbuja inmobiliaria’ en 2008. También se ha impulsado un plan para mejorar las condiciones de los repartidores y otros trabajadores de plataformas digitales, así como nuevos permisos laborales.
Pese a todo, el debate público parece más pendiente de la ropa o de un bolso que de los avances o los retos pendientes en materia laboral. Díaz lo dijo claramente: las mujeres siguen siendo juzgadas por su aspecto más que por su trabajo. Y esta polémica lo demuestra.
Resulta llamativo que un tema tan trivial haya generado más conversación que las reformas que afectan directamente a la vida de quienes trabajan. Porque al final, el bolso pasará de moda, pero los derechos laborales deberían quedarse.

