La caída de la jornada de 37,5 horas complica la negociación de convenios y abre una brecha entre sectores con mayor y menor fuerza sindical

La propuesta parar reducir la jornada laboral de 40 a 37,5 horas sin reducción de salario ha sido tumbada en el Congreso por los votos en contra de PP, Vox y Junts. Aunque el Gobierno, sobre todo la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, no da la batalla por perdida, lo cierto que ahora tendrá que comenzar de nuevo todo el proceso con un nuevo texto.

La reducción de jornada fue un acuerdo de Gobierno entre PSOE y Sumar y tenía un calendario claro, la jornada máxima debía situarse en 38,5 horas en 2024 y en 37,5 horas a partir del 1 de enero de 2025. Algo que ya no se va a cumplir.

No solo era trabajar menos, también era ganar más

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Aunque para muchos la reducción de la jornada solo implicaba trabajar 2 horas y media menos a la semana, para muchos trabajadores significaba ganar más por el mismo trabajo. Concretamente, los trabajadores a tiempo parcial, ya que al reducirle la jornada ordinaria, el precio de la hora se elevaría un 7%. De modo que un trabajador a tiempo parcial vería elevado su salario. Aunque también cabria la posibilidad de que se redujera su tiempo de trabajo en proporción a la nueva jornada máxima. Sea cual sea la medida, sin duda estos trabajadores serían unos de los más beneficiados.

Más desigualdad entre sectores

Los expertos en derecho laboral advierten de que el rechazo parlamentario puede aumentar la brecha entre convenios. Mientras algunos con una representación sindical sólida seguirán avanzando hacia jornadas más cortas, otros, especialmente en sectores con menor capacidad de negociación, quedarán estancados en las 40 horas.

Además, la ausencia de un marco legal común complica la interpretación de las horas extraordinarias, que seguirán calculándose en muchos convenios con la referencia de la jornada de 40 horas. De haberse aprobado la reducción, el valor de la hora ordinaria habría subido, encareciendo las extras y empujando a las empresas a reorganizar turnos y plantillas.

Los sindicatos en pie de guerra

UGT y CCOO ya han anunciado más de 50 movilizaciones en todo el país para exigir que la reducción no se quede en un cajón. “Esto no es un punto final, es un punto y seguido”, insisten, mientras avisan de que intensificarán la presión tanto en la calle como en las mesas de negociación.

La estrategia pasa ahora por conseguir que la rebaja horaria se refleje en convenios sectoriales, con la expectativa de que el Gobierno busque una alternativa vía decreto, lo que daría oxígeno a los sindicatos y volvería a poner el listón en 37,5 horas.

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