Conseguir una cita previa en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) se ha convertido en un calvario para muchos ciudadanos. Las demoras, los fallos en el sistema y la escasa disponibilidad de citas han generado una situación crítica que ha desembocado incluso en actos desesperados.
Es el caso de Manuel Medina, un ciudadano de Las Palmas de Gran Canaria que, harto de la burocracia y sobre todo de la poca empatía por parte de los funcionarios de las oficinas del SEPE decidió atrincherarse en una oficia del SEPE tras no conseguir atención tras haber pedido cinco citas anteriormente.
No iba a cobrar su prestación por un error administrativo
Tal y como ha contado Manuel, tanto en el programa de Ana Rosa como en Y ahora Sonsoles acudió a la oficina del Servicio Público de Empleo Estatal para solicitar su prestación. Para ello solicito cita previa en el SEPE y acudió a su cita en noviembre y gestionó su prestación por desempleo entregando la documentación requerida, todo parecía correcto.
Sin embargo, al regresar a su casa recibió la llamada del SEPE indicándole que debía entregar un certificado de cuenta bancaria. Por ello, solicitó nuevamente cita previa para entregar el documento. Así hasta en cuatro ocasiones.
Cada vez que lograba una cita, se encontraba con nuevas trabas, y el ciclo volvía a comenzar.
Un error administrativo que lo dejó sin cobrar
A solo dos días de recibir el pago del paro, Manuel recibió una carta confirmando sus datos. Para su sorpresa, el número de cuenta al que se enviaría el dinero no era el suyo. Alarmado, se presentó en la oficina con el documento en mano, pero la respuesta fue la misma de siempre, «sin cita previa no se atiende».
Agotado por la situación y la desesperación de que recibir el ingreso de su prestación, decidió que no se iba a ir de la oficina sin que el problema se resolviera de una vez por todas.
«Aquí me quedo hasta que me atiendan»
Manuel decidió ‘atrincherarse’ en la oficina y comunicó que no se iba a ir, avisando de que llamaría a la Policía, y si me quieren sacar, que lo saquen ellos.
Su acto de protesta no pasó desapercibido y, al llegar un agente de policía, finalmente intervino un jefe de sección de la oficina. En cuestión de minutos, le solucionaron el problema que llevaba semanas arrastrando. “Era un problema simple. Me dijeron que podía haber puesto una reclamación, pero yo no sabía que en las administraciones públicas se podían poner reclamaciones”, explicó.

