Ana, ganadera de 29 años: «Todo el mundo piensa que triunfar es hacerse funcionario y trabajar de 7 a 3. Yo no»

La joven salmantina vivía en Sevilla cuando la pandemia la llevó de vuelta a su pueblo. Ahora quiere hacerse cargo de la explotación familiar, que su padre tuvo que reconstruir después de un vacío sanitario en 2016.

Mientras muchos jóvenes opositan para encontrar en el sector público un trabajo estable, con un sueldo fijo y un horario que les permita tener las tardes libres, Ana tiene otros planes. Esta joven de 29 años, natural de Valde Rodrigo, en Salamanca, quiere dedicar su futuro a la ganadería y continuar con la explotación familiar, aunque eso signifique trabajar muchas más horas de las que marca una jornada en la administración pública.

Su forma de entender el trabajo la ha explicado en una entrevista para el programa Campo Salmantino, de La 8 Salamanca, donde ha dejado una reflexión sobre lo que significa triunfar profesionalmente.

«Todo el mundo piensa que triunfar es hacerte funcionario y trabajar de siete a tres. Yo no comparto esa misma idea»

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Lo llamativo es que ella misma trabaja actualmente de siete a tres, pero no es el horario que busca para el resto de su vida. Mientras en el empleo público se han impulsado medidas como la jornada de 35 horas semanales para los funcionarios del Estado, Ana prefiere dedicar más tiempo a una profesión que realmente le gusta. «Creo que prefiero trabajar todo el día y dedicarme a algo que de verdad me gusta», explica.

De vivir en Sevilla a querer quedarse en el pueblo para continuar con la ganadería

Antes de decidir qué quería hacer con su futuro, Ana había vivido fuera de Salamanca. Cuando comenzó la pandemia de coronavirus, se encontraba en Sevilla y regresó a su pueblo, un cambio que terminó por hacerle pensar más seriamente en quedarse allí.

La idea de dedicarse a la ganadería no era nueva, puesto que ha crecido rodeada de animales y del trabajo diario de la explotación, aunque también había querido conocer otras formas de vida. «Siempre, aunque he estado fuera, no me he desligado nunca del pueblo», cuenta durante la entrevista.

Actualmente, sigue trabajando en otras actividades mientras prepara su incorporación al negocio familiar. Su padre continúa al frente de la ganadería, pero su intención es asumir el relevo y conseguir vivir de la explotación cuando complete los pasos necesarios.

Para ella, uno de los mayores atractivos de este trabajo es que no existen dos días iguales. «Es el hecho de que sea algo tuyo, que cada día es diferente. No es una oficina, no es algo metódico», explica. Eso sí, reconoce que los horarios no dependen únicamente de quien lleva el negocio, porque los animales también marcan cuándo hay que trabajar y siempre pueden aparecer imprevistos.

La explotación que su padre tuvo que reconstruir desde cero en 2016

La decisión de Ana tiene detrás una historia familiar que explica buena parte de su empeño por quedarse en el campo. En 2016, la explotación sufrió un vacío sanitario que obligó a mantenerla sin ganado durante varios meses. Fue un duro golpe para su padre, que tuvo que volver a poner en marcha el negocio después de perder los animales que tenía.

Para recuperar la actividad, su padre viajó a Francia y compró ganado de raza Salers, con el que la familia pudo empezar otra vez. Desde entonces han seguido trabajando para recuperar y ampliar la explotación y recientemente también han incorporado un lote de animales de raza Limusín, que ya habían criado antes de aquel episodio.

Ana conoce bien lo que costó superar aquella etapa y no quiere que todo ese esfuerzo termine perdiéndose. «No me sentía muy a gusto con que todo el esfuerzo que le ha costado conseguir hacer la ganadería y todas las trabas que hemos tenido se dejara perder», explica al recordar por qué decidió dar el paso.

La explotación viene de generaciones anteriores y, aunque su padre todavía sigue en activo, ella quiere estar preparada para continuar con el trabajo cuando llegue el momento. También espera contar con la ayuda de su hermano, más interesado en los tractores y la maquinaria, mientras que a ella le atrae especialmente el cuidado de los animales.

Aunque tiene claro que quiere dedicarse a la ganadería, Ana conoce las dificultades que encontrará por el camino. Ya ha completado el curso de incorporación a la actividad agraria y ahora debe continuar con los trámites para formalizar su entrada en la explotación. Entre los principales obstáculos señala la fuerte inversión inicial, los numerosos trámites administrativos y las enfermedades del ganado, que pueden poner en peligro años de trabajo y las inversiones realizadas.

A pesar de todo, Ana prefiere intentar vivir de lo que realmente le gusta, aunque eso signifique trabajar muchas más horas y no tener un horario fijo. Para ella, continuar con la explotación familiar supone algo más que ganarse la vida, porque detrás están los años de esfuerzo de su padre y de las generaciones anteriores. Es consciente de la responsabilidad que está a punto de asumir, pero también siente orgullo por poder mantener el negocio familiar. Así lo expresa cuando le preguntan qué significa para ella continuar con la ganadería. «Mucha responsabilidad, pero mucho orgullo».

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