José Elías, empresario: «Si le dices a un joven de 20 años que venga a arrodillarse en el barro, te dirá que ahí te quedas»

El dueño de La Sirena cree que es normal que muchos jóvenes rechacen trabajar en el campo cuando todavía se les exige un gran esfuerzo físico. Defiende invertir en maquinaria e instalaciones para mejorar las condiciones laborales.

Para un joven de 20 años que busca trabajo, tener que pasar horas agachado, con frío y las rodillas en el barro puede ser motivo suficiente para rechazar una oferta de empleo. El empresario José Elías, propietario de la cadena de supermercados La Sirena, cree que esa reacción es completamente comprensible y que el problema no está tanto en la falta de ganas de trabajar como en unas condiciones que, en su opinión, llevan décadas sin cambiar.

Elías lo ha expresado en una publicación en su cuenta de X, donde ha cuestionado que algunas labores agrícolas sigan exigiendo un esfuerzo físico que podría reducirse con mejores instalaciones. , afirma el empresario, que considera que la falta de inversión está alejando a las nuevas generaciones de la agricultura.

«Es normal que ningún joven quiera trabajar en el campo. Seguimos ofreciendo un trabajo pensado para hace 50 años»

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El empresario lo achaca la falta de inversión está alejando a las nuevas generaciones de la agricultura. Para explicar su postura, pone el ejemplo de alguien que está empezando su vida laboral. «Si le dices a un joven de 20 años que tiene que venir a arrodillarse al barro a pasar frío, te va a decir que ahí te quedas». Lejos de criticar esa decisión, añade que «es totalmente lógico» que una persona no quiera trabajar en esas condiciones.

José Elías cree que el problema no son los jóvenes, sino las condiciones de trabajo

El empresario reconoce que disfruta pasando tiempo en el campo, visitando granjas y estando en contacto con la tierra, pero distingue entre el interés personal por la agricultura y lo que supone dedicarse profesionalmente a ella. Sobre todo cuando el trabajo obliga a realizar movimientos repetitivos, agacharse durante buena parte de la jornada o soportar temperaturas incómodas.

En su mensaje, Elías apunta directamente a la manera en que se ha invertido en determinadas explotaciones agrícolas. «La culpa de esto la tiene la falta de inversión», asegura. A su juicio, mantener los mismos métodos de trabajo durante décadas puede resultar más barato a corto plazo, pero termina haciendo que el sector pierda atractivo para quienes buscan una salida laboral.

Para ilustrarlo, recuerda cómo han cambiado otros oficios gracias a la maquinaria poniendo de ejemplo a los herreros quienes antes pasaban buena parte del día trabajando con un martillo, mientras que ahora disponen de equipos que facilitan muchas de esas tareas. «La agricultura tiene que dar ese mismo salto y adaptar los puestos de trabajo», defiende.

Su ejemplo para recoger fresas sin tener que trabajar agachado

Como muestra de que es posible organizar el trabajo de otra manera, Elías describe lo que han hecho en sus propios campos de fresas para mejorar el trabajo de quienes tienen que recoger los frutos con algo tan simple como que los cultivos están elevados hasta la altura de la cintura. De esta forma los empleados pueden recoger la fruta sin necesidad de permanecer continuamente agachado, además asegura que las instalaciones cuenta con temperatura controlada para evitar parta de las molestias del trabajo al aire libre.

«El trabajador ni se moja ni se rompe la espalda»

El cambio que plantea afecta a una de las partes más exigentes de este tipo de empleo que es la recolección manual que puede implicar muchas horas de pie, movimientos repetidos y posturas incómodas, que mantenidas durante varias jornadas, aumentan el desgaste físico.   El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo identifica precisamente las posturas forzadas, la manipulación de cargas y los movimientos repetitivos entre los riesgos que deben prevenirse en las actividades agrarias.

La falta de estabilidad también dificulta que los jóvenes encuentren atractivo el campo

A las condiciones físicas que describe José Elías se suma otro problema para quienes quieren empezar a trabajar en la agricultura y no es otro que la alta estacionalidad, ya que las oportunidades de empleo se concentran en campañas y no permiten tener ingresos regulares durante todo el año.

El Diagnóstico de la Juventud Agraria del Ministerio de Agricultura muestra hasta qué punto influye la temporalidad y según los datos analizados en el informe, cerca del 80 % de los trabajadores agrarios menores de 25 años tenía un contrato temporal. El documento también recoge que, entre 2009 y 2021, el número de jóvenes ocupados en el sector descendió casi un 11 %, mientras que el empleo agrario total aumentó un 2,9 %.

Estos datos ayudan a entender por qué atraer a nuevos trabajadores no depende únicamente de modernizar las explotaciones. Para una persona que busca su primer empleo o quiere independizarse, el sueldo, la continuidad del contrato y las condiciones de la jornada también pueden pesar a la hora de aceptar una oferta, más aún con los precios de la vivienda.

En las actividades agrícolas que se repiten en determinadas épocas del año existe la posibilidad de recurrir al contrato fijo discontinuo, que permite mantener una relación laboral indefinida aunque el trabajo se concentre en campañas. Pero mantiene el problema de los ingresos regulares durante todo el tiempo, ya que durante el tiempo sin actividad no se cobra, aunque se puede acceder a prestaciones por desempleo (siempre que se cumplan los requisitos).

La falta de jóvenes también preocupa entre quienes están al frente de las explotaciones agrícolas. Empezar un negocio en el campo requiere una inversión que muchos no pueden asumir, especialmente por el coste de la tierra y las dificultades para conseguir financiación. Son algunas de las barreras que identifica el Ministerio de Agricultura y que complican la llegada de una nueva generación al sector.

En su reflexión, José Elías recuerda que la producción de alimentos seguirá necesitando trabajadores en los próximos años. Por eso, considera necesario que la agricultura ofrezca unas condiciones que hagan más atractivo dedicarse a ella, sin que el esfuerzo físico tenga que ser una parte inevitable del oficio.

«Para mí, dedicarse a esto es una medalla, no una condena»

Su mensaje termina con una petición para que el campo deje de asociarse necesariamente al trabajo más duro. «Hay que dejar de romantizar el sufrimiento físico y empezar a tratar el campo como la empresa tecnológica que debería ser».

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