Clece despide a dos limpiadoras del Hospital de Jerez por llevarse pan duro

Lorena y Fátima aseguran que el pan iba a tirarse y que llevaban años recogiéndolo para alimentar animales. La empresa alega pérdida de confianza y ellas quieren recuperar sus puestos.

Dos trabajadoras del servicio de limpieza del Hospital de Jerez han sido despedidas después de que las cámaras de seguridad grabaran la recogida de dos bolsas de pan duro que, según explican, iban a terminar en la basura. Las afectadas son Lorena, de 40 años, y Fátima, de 58, empleadas de Clece, concesionaria del servicio de limpieza del centro hospitalario, que decidió prescindir de ellas alegando una pérdida de confianza por lo ocurrido.

Las trabajadoras aseguran que llevarse ese pan para alimentar animales era una práctica conocida entre parte del personal y Lorena afirma que llevaba años recogiéndolo para las gallinas que tiene en su terreno. Los despidos han provocado además la reacción de sus compañeras, que, con el respaldo del comité de empresa, han convocado cuatro paros de una hora en el hospital para reclamar su readmisión, mientras Lorena y Fátima han acudido a los juzgados porque no quieren quedarse con una indemnización, sino recuperar sus puestos de trabajo.

Las cámaras grabaron la recogida de dos bolsas de pan duro

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El episodio que acabó desencadenando los despidos se remonta al 24 de mayo. Lorena se encontraba de baja y una compañera había apartado para ella dos bolsas de pan duro. Según su relato, como no cabían en la taquilla, Fátima la avisó para que acudiera al hospital a recogerlas, algo que quedó registrado por las cámaras de seguridad del centro.

Las imágenes llegaron posteriormente a los responsables y fueron consideradas sospechosas. Lorena explica que el contenido de aquellas bolsas era pan que ya no se iba a aprovechar y que las compañeras de cocina se lo daban en lugar de tirarlo. En su caso, asegura que llevaba alrededor de diez años utilizándolo para alimentar a sus gallinas y que otros trabajadores con animales hacían lo mismo.

La explicación de las empleadas no evitó que se abriera un procedimiento disciplinario. Según relata Lorena, el 22 de junio recibió un mensaje en el que se le comunicaba que podía enfrentarse a una suspensión de empleo y sueldo de entre 16 y 60 días e incluso al despido. El 2 de julio recibió otro SMS en el que se confirmaba el despido disciplinario tanto para ella como para Fátima.

Para Lorena, la decisión resulta especialmente difícil de asumir después de casi 20 años vinculada al servicio de limpieza del hospital. Durante ese tiempo, recuerda los años cubriendo vacaciones y festivos hasta conseguir estabilidad en la plantilla, además del trabajo realizado durante la pandemia, cuando continuó entrando en el centro para realizar labores de limpieza y desinfección.

Rechazan quedarse con una indemnización y quieren recuperar sus puestos

Tras conocer los despidos, las dos trabajadoras comenzaron a moverse para intentar regresar al hospital. Lorena relata que acudieron incluso a Madrid y al departamento de Recursos Humanos en Sevilla antes de llevar el caso a los juzgados. También se celebró un acto de conciliación en el que, según las afectadas, la empresa planteó una salida mediante el reconocimiento de la improcedencia del despido, una opción que rechazaron porque no suponía necesariamente volver a sus puestos.

Cuando un despido es declarado improcedente la empresa puede optar por elegir entre la readmisión (que es lo que quieren las trabajadoras) o bien poner fin a la relación laboral y pagar la indemnización correspondiente, que es lo que ha planteado la empresa. Lorena y Fátima buscan que sus despidos sean declarados nulos para regresar a los empleos que tenían antes de recibir las comunicaciones de Clece. Para ello tendrán que dar indicios de que se ha vulnerado algún derecho fundamental y entonces la empresa tendrá que demostrar que su decisión de despedirla esta fundamentada o al menos no esta ligada a una vulneración de derechos fundamentales.

La empresa, según el relato de las afectadas, vincula su decisión a un abuso o pérdida de confianza. Si bien es cierto que las trabajadoras alegan que ese pan tenia como destino al basura y que realmente no ha causado ninguna perdida económica para la empresa hay casos en los que la justicia ha dado una de ‘cal y otra de arena’ en casos similares.

Esta el ejemplo del despido de un trabajador que se comió una croqueta que iba a ir a la basura, en este caso, la justicia determinó que no era lo suficientemente grave como para justificar su despido y condenó a Mercadona a indemnizarlo o readmitirlo al declarar el despido improcedente.  Lo mismo le paso también a Lidl  al declarar la Justicia improcedente el despido de su empleado por beberse tres cafés de 99 céntimos que iban a la basura. No paso lo mismo con otro trabajador de Mercadona que se bebió una botella de Fanta sin pagarla y la Justicia declaro su despido disciplinario procedente, sin derecho a indemnización.

En este caso, las trabajadoras mantienen que las bolsas contenían únicamente pan destinado a desecharse y que llevárselo para los animales era algo habitual, por lo que si la empresa ya era consciente de ello y lo permitía podría entrar en juego la tolerancia empresarial.

La plantilla inicia cuatro paros en el Hospital de Jerez

Los despidos de Lorena y Fátima han llevado a sus compañeras a movilizarse para reclamar su readmisión, con el respaldo del comité de empresa y cuatro paros de una hora, entre las 10.00 y las 11.00 horas, convocados durante esta semana en el Hospital de Jerez. En la primera concentración, la plantilla mostró una pancarta con el mensaje «Nos han despedido por llevarnos pan duro», una frase con la que las afectadas resumen el motivo por el que aseguran haber perdido sus empleos.

Las movilizaciones acompañan ahora el recorrido judicial iniciado por las dos trabajadoras, que no quieren resolver su salida únicamente mediante una compensación económica. Lorena lleva casi dos décadas vinculada al servicio de limpieza del hospital y, junto a Fátima, busca que los despidos sean anulados para poder regresar a sus puestos, defendiendo que las bolsas recogidas contenían un pan que iba a desecharse y que desde hacía años se entregaba a trabajadores para alimentar a sus animales.

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