Las cinco conductas que parecen propias de un buen trabajador, pero aumentan el riesgo de burnout, según Rafael Alonso, experto en RRHH

Responder antes que nadie, decir siempre que sí o no pedir ayuda son hábitos que muchas empresas valoran, pero también pueden convertirse en el origen del desgaste profesional.

Ser una persona comprometida con el trabajo suele estar bien visto en cualquier empresa. Adelantarse a los problemas, aceptar nuevas responsabilidades o estar siempre disponible son actitudes que, a simple vista, transmiten profesionalidad y compromiso. Sin embargo, cuando estos comportamientos se convierten en una rutina pueden acabar teniendo un efecto muy distinto al esperado.

Así lo explica Rafael Alonso, experto en Recursos Humanos, que ha compartido las cinco conductas que muchas personas han normalizado en su día a día laboral y que, lejos de ser siempre una virtud, pueden favorecer el desarrollo del burnout, también conocido como síndrome del trabajador quemado.

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El experto insiste en que el agotamiento no siempre nace de jornadas interminables o de un mal ambiente laboral. En muchos casos, son los hábitos que se consideran propios de un buen trabajador los que acaban empujando a la persona a sobrepasar sus propios límites.

Los hábitos que parecen demostrar compromiso, pero pueden acabar agotándote

El primero de los comportamientos que señala Rafael Alonso es adelantarse constantemente a todo. Responder antes de que alguien lo pida, prever cualquier problema o asumir tareas para evitar que surjan complicaciones suele interpretarse como una muestra de eficacia. Sin embargo, el experto explica que, en muchos casos, esta forma de actuar responde a un estado de hipervigilancia. La persona permanece siempre alerta y su sistema nervioso apenas encuentra momentos para desconectar.

Otro hábito muy extendido consiste en decir siempre que sí. Aceptar más trabajo, cubrir a un compañero o asumir nuevas responsabilidades para evitar un conflicto puede parecer una actitud colaborativa. No obstante, detrás de ese comportamiento también puede existir el miedo a decepcionar a los demás o a recibir una respuesta negativa. El resultado es una carga de trabajo cada vez mayor que termina pasando factura.

A estas conductas se suma una práctica que muchas personas consideran completamente normal: aprovechar cualquier rato libre para seguir trabajando. Revisar el correo electrónico desde el sofá, responder mensajes durante la comida o dedicar cinco minutos a terminar una tarea parece una forma de ganar tiempo. Sin embargo, esos pequeños descansos son fundamentales para que el cerebro pueda recuperarse del esfuerzo diario. Cuando desaparecen, también lo hace una parte importante del descanso necesario para mantener el equilibrio físico y mental.

Cuando convertirse en imprescindible termina pasando factura

Rafael Alonso también advierte del riesgo de convertirse en la persona que siempre resuelve los problemas. En muchos equipos existe un trabajador al que todos acuden cuando surge una dificultad. Aunque esa imagen suele asociarse con liderazgo y experiencia, también provoca que cada vez más responsabilidades recaigan sobre la misma persona, hasta el punto de hacer insostenible la situación.

Otro de los hábitos más peligrosos consiste en aguantar sin pedir ayuda. Continuar trabajando a pesar del cansancio o de la saturación suele interpretarse como una demostración de fortaleza. Sin embargo, el experto considera que muchas veces refleja una desconexión de los propios límites. Ignorar las señales de agotamiento impide actuar a tiempo y aumenta el riesgo de que el desgaste termine afectando tanto a la salud como al rendimiento profesional.

El burnout no siempre nace de trabajar más, sino de no poner límites

Una de las principales reflexiones de Rafael Alonso es que el burnout no siempre se alimenta de hábitos claramente negativos. En muchas ocasiones, surge precisamente de comportamientos que todo el mundo considera propios de un buen trabajador y que incluso reciben reconocimiento dentro de la empresa.

Estar siempre disponible, aceptar cualquier tarea, resolver todos los problemas o no desconectar nunca puede ayudar a construir una imagen de compromiso. Sin embargo, mantener estas conductas durante meses o años aumenta el riesgo de sufrir un desgaste emocional que puede terminar afectando tanto a la vida laboral como a la personal.

Por ello, cada vez más especialistas en bienestar laboral insisten en la importancia de respetar los tiempos de descanso, aprender a establecer límites y pedir ayuda cuando la carga de trabajo supera lo razonable. Como resume Rafael Alonso, el burnout no siempre se alimenta de malos hábitos evidentes. A veces, se sostiene precisamente con aquellos comportamientos que todo el mundo aplaude.

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