Un trabajador que ha estado el tiempo máximo permitido por Incapacidad Temporal debe pasar por el tribunal médico si es que no le dieron ya el alta antes para que se le conceda la incapacidad permanente. En esta ‘vista’ no solo está en juego una pensión, sino el reconocimiento oficial de que la situación de salud impide seguir trabajando con normalidad.
Para evitar errores que puedan perjudicar la valoración, el abogado laboralista Andrés Millán, conocido en redes sociales como Lawtips, ha explicado una serie de recomendaciones prácticas basadas en su experiencia profesional.
La apariencia y el lenguaje corporal sí importan
Uno de los aspectos que más sorprende a los solicitantes es que la imagen personal puede influir, aunque no debería ser así. Según explica Andrés Millán, acudir excesivamente arreglado, maquillado o dando una imagen de bienestar puede jugar en contra.
El mensaje es claro. Si se solicita una incapacidad permanente es porque existen limitaciones reales. Tratar de ocultarlas o aparentar que se está mejor de lo que realmente se está puede transmitir una sensación equivocada al equipo evaluador.
Esto también se aplica al lenguaje corporal. Forzar posturas, disimular el dolor o mostrarse excesivamente animado no ayuda. Si existen dificultades para sentarse, moverse o mantenerse de pie, no conviene ocultarlas, pero tampoco exagerarlas.
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Cómo responder a las preguntas del tribunal médico
Una de las primeras preguntas suele ser cómo se encuentra el trabajador. Dar respuestas vagas como “ni bien ni mal” no es recomendable. Millán insiste en la importancia de describir con claridad cómo afecta la patología en el día a día, mencionando el dolor, la fatiga, la ansiedad o cualquier limitación relevante.
Especial atención merece una cuestión que muchos consideran una “pregunta trampa”: si se desea seguir trabajando. La respuesta no debería ser un no rotundo. Lo adecuado es explicar que existe voluntad de trabajar, pero que las limitaciones físicas o psicológicas lo impiden en la práctica. De este modo se demuestra interés laboral sin negar la realidad médica.
La incapacidad permanente no se concede por la enfermedad, sino por la limitación para trabajar
Este es uno de los puntos más importantes y, a la vez, más desconocidos. Muchos trabajadores creen que tener una enfermedad grave garantiza automáticamente una pensión por incapacidad permanente, pero no es así.
Esto es algo que ya el abogado laboralista Víctor Arpa dejo claro y es que puede darse la situación de que dos trabajadores con la misma patología a uno le rechacen la incapacidad permanente y al otro se la concedan. El motivo es que lo que se valora no es la enfermedad en sí, sino cómo afecta esa enfermedad a las tareas concretas del puesto de trabajo habitual.
Precisamente aquí es donde entra en juego el profesiograma, un documento elaborado por la empresa en la que se detallan las funciones del puesto.
La importancia de preparar bien los informes médicos
Otro consejo clave es no acumular informes sin criterio. Más documentos no significa más posibilidades de éxito. Andrés Millán recomienda priorizar la calidad frente a la cantidad, presentar los informes ordenados y resaltar aquellos puntos que reflejan claramente las limitaciones laborales.
Un informe médico bien estructurado, que describa de forma precisa las dificultades para desempeñar el trabajo, suele ser mucho más eficaz que una pila de documentos sin conexión clara con la actividad profesional.

