El desempleo juvenil no es solo cosa de España, en China, por ejemplo, está provocando un fenómeno que podría parecer absurdo, pero que es profundamente revelador y que está generando negocio. Miles de jóvenes están pagando por ir a oficinas falsas para fingir que trabajan.
En un país donde el éxito profesional se considera una obligación social, no tener trabajo no solo es frustrante, también es motivo de vergüenza. Las familias presionan, las universidades exigen resultados y quedarse en casa puede convertirte en un «nini», un joven que ni estudia ni trabaja, despreciado por la sociedad.
Una oportunidad de negocio: oficinas sin trabajo, pero con rutina
Por unos 30 a 50 yuanes diarios (entre 4 y 7 euros), empresas como Pretend to Work Company alquilan escritorios en oficinas completamente funcionales, ya que cuentan con ordenadores, internet, salas de reuniones e incluso almuerzos incluidos. Lo único que no tienen y no ofrecen es trabajo real.
Pero no importa, la finalidad de estas oficinas es ofrecer una vía de escape a esos jóvenes que no encuentran trabajo y no quieren quedarse en casa ante la atenta mirada de los padres y también de la sociedad.
Tal y como cuenta BBC, Jóvenes como Shui Zhou, de 30 años, pasan el día allí entrenando su disciplina, buscando empleo online, aprendiendo inteligencia artificial o simplemente mostrando a sus padres que “están haciendo algo”.
Otros lo hacen por obligación, ya que las universidades que exigen pruebas de prácticas para entregar un diploma y sobre todo por padres que no soportarían saber que su hijo está desempleado, o simplemente por mantener la autoestima.
“Lo que vendo no es empleo, es dignidad”
El creador de una de estas empresas lo deja claro, su negocio no es laboral, es emocional. “Vendo la tranquilidad de no sentirse inútil”, asegura. Él mismo estuvo desempleado y entiende el dolor de sentirse estancado.
Según sus datos, el 40% de los usuarios son recién graduados; el resto, freelancers y nómadas digitales que buscan una atmósfera laboral sin las exigencias de un empleo formal.
¿Realidad o escapismo?
Este fenómeno no se limita a una ciudad. Oficinas de este tipo han florecido en Shanghái, Shenzhen, Nanjing o Chengdu. Algunas incluso ofrecen extras para intensificar la ilusión: supervisores ficticios, tareas inventadas y despachos “personalizados” para quienes pagan más.
En redes sociales como Xiaohongshu (Tiktok chino) los vídeos sobre este estilo de vida acumulan millones de visitas. Algunos lo ven como un alivio temporal. Otros, como una forma de evasión que retrasa el verdadero problema: no hay empleos suficientes para tantos graduados.
Una generación entre dos extremos
Muchos jóvenes ya no creen en el modelo del sacrificio extremo que impuso la famosa jornada “996” (trabajar de 9 a 21, seis días a la semana). Pero tampoco están listos para rendirse. Entre el agotamiento de un sistema hipercompetitivo y la angustia de no tener rumbo, han creado un espacio intermedio: la simulación laboral.
Como resume el sociólogo Biao Xiang: “Simular es un cascarón protector. Les da espacio para pensar, sin quedar completamente al margen de la sociedad”.
¿Una mentira útil o una solución real?
La gran duda es si esto es una mentira útil que pueda servir por ejemplo, para crear un hábito laboral y ‘practicar’ de cara a ofrecer lo mejor de sí mismo cuando verdaderamente se trabajó. O por si lo contrario solo servirá para crear falsos trabajadores que se venden como personas productivas en las redes sociales, pero que se quedarán ahí viviendo una gran mentira.

